El loco gritando “¡conspiración!”

- 04 de abril de 2014 - 00:00

Parece que desde el Gobierno hay una suerte de paranoia extrema que gira en torno a una serie de infundadas especulaciones seudoconspirativas que acusan constantemente al sistema internacional de buscar desestabilizar a los gobiernos progresistas de la región. EE.UU. a la cabeza. Todo es sospecha. Todo es acusación. No hay ONG, no hay organismo internacional que se salve. Todos están confabulados para detener el avance de la Revolución. Y hay todo un aparato de oposición que ha pintado este comportamiento como un ejemplo más de los mecanismos que utiliza el presidente Correa para obrar con impunidad, al borde de cualquier veeduría o participación ajena al Gobierno.

Parece que la historia decantará a favor del Gobierno. Ayer, la agencia de noticias AP publicó una investigación donde se detallaba la creación de un ‘Twitter cubano’ para ayudar a atizar la disidencia. El plan, cuya ejecución y fin son anecdóticos, por no decir ridículos, terminó con la incapacidad de seguir solventando el costo del proyecto. Lo interesante es que ‘ZunZuneo’, como se llamó la plataforma, no fue implementada por la Agencia de Inteligencia de EE.UU. Fue implementada por la Agencia de Desarrollo Internacional de EE.UU., más famosa por sus siglas, Usaid.
La sospecha que causa la Usaid ha llevado a su expulsión de Rusia en 2012, de Bolivia en 2013 y de Ecuador se fue antes de ser echada.

Según el Pando Daily, periódico digital de EE.UU., el Gobierno americano jugó un papel fundamental en el financiamiento de grupos de oposición, a través de Usaid, antes de la revolución en Ucrania. No solo esto, sino que gran parte de este financiamiento fue dado por el billonario fundador de eBay, Pierre Omidyar. Gobierno y corporaciones a favor de la Pax Americana.

No podemos llegar a decir que Estados Unidos está (una vez más) financiando golpes de Estado alrededor del mundo. Pero sí genera una duda razonable para que los gobiernos respalden sus decisiones frente a estos organismos internacionales de desestabilización, disfrazados de desarrollo. Legitima ciertas actitudes antidemocráticas en un manto de sospecha. ¿Si en Cuba lo hicieron, por qué no lo harían en Turquía? Recep Erdogan tiene su justificación ahí. Y si son capaces de financiar a la oposición ucraniana, de buscar plataformas digitales para desestabilizar al Gobierno cubano, ¿qué los detiene de hacer lo mismo en Venezuela. O en Bolivia. O en Ecuador?
El loco gritando “¡Conspiración!” ya no parece tan loco.