El gabinete Bolsonaro

- 02 de enero de 2019 - 00:00

En todo sistema presidencialista, ya sea por la concentración de decisiones en una sola persona o por la centralidad de exposición que adquieren los presidentes, el carácter de la autoridad es sustantivamente mayor que en otros tipos de sistemas políticos.

En el caso del presidencialismo brasileño hay, además, una mecánica que organiza las pautas del comportamiento político: al ser simultánea la renovación de diputados junto con la elección presidencial, terminan diseñando ambos paneles al mismo tiempo, en un intercambio de ministros y secretarías por apoyos en el Congreso.

El denominado “presidencialismo de coalición”. Eso explica, entre otras razones, la supervivencia durante estas últimas décadas de varios partidos idiosincráticamente predispuestos para “ofertarse” en ambas dimensiones –entre ellos, principalmente, el Movimiento Democrático Brasileño (MDB), uno de los principales derrotados en las últimas elecciones– cuyos ciclos de chantajes culminarían en la degradación terminal que significó el ilegal y fraudulento impeachment a Dilma Rousseff, además de empujar al país a una de sus peores crisis económicas.

La llegada de Jair Bolsonaro requería de esa descaracterización general de los elementos del sistema. Sin ese contexto (política y económicamente) crítico, su postulación difícilmente hubiera podido prosperar. Al mismo tiempo, hay que entender el ascenso de Bolsonaro como un segundo momento de aquello que se puso en marcha durante el interinato de Michel Temer, un rediseño de sus variables culturales, políticas, jurídicas y económicas. En la continuidad del mismo drama, se trata ahora de un programa de Gobierno llevado adelante y coordinado a partir de actores de naturaleza “facciosa”, sin  reparo por contravenir, las veces que sea necesario, las reglas democráticas y establecidas, bajo el influjo de un pretorianismo moral que no se sabe muy bien dónde puede terminar. (O)

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