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Ecuador/Mar.19/Ene/2021

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Fredy Lobato

El desamparo de los supremacistas

14 de noviembre de 2020 00:00

El fracaso electoral de Donald Trump en Estados Unidos parece haber dejado en desamparo a los sectores extremistas que en el tropicalismo latinoamericano abundan y simpatizan con el trumpismo en sus principales aristas: supremacía racial, providas, LGBTIfobia, patriarcalismo machista, detrimento del Estado laico, libre porte de armas, reduccionismo impositivo en menoscabo de políticas sociales y favorable a las grandes corporaciones, etc. Lo que acá (y allá por extensión) han dado en llamar de “comunismo”.

Pero, además, hay un factor que acerca las posturas trumpistas con los que acá simpatizan con posiciones del denominado socialismo del siglo XXI, pero que, en sí, no son más que populistas con dosis de izquierda y autócratas.

Sí, el populismo trumpista con tufo de autocracia va imponiéndose terriblemente en los Estados Unidos. Le va a costar mucho al Partido Republicano separar esa dosis de sus bases. Pero es la misma dosis que aparentemente Trump ha copiado del “modelo ruso” que se ha impuesto de a poco en países latinoamericanos desde la llegada de gobiernos “populares”, con fuerte liderazgo político, aupados en la democracia del voto, sin alternancia y con mucho clientelismo o corporativismo, intolerancia con periodistas y la prensa libre; además, un enorme servilismo estatal.

Este modelo populista, autócrata y clientelar ha ganado terreno en las democracias poniendo en vilo todo un sistema, debido a la polarización política, alimentada por el bum deliberativo de las redes sociales, donde abundan la intolerancia, el anonimato y teorías conspirativas.

Refiero al modelo ruso, no solo por las acusaciones del vínculo de Vladimir Putin en las elecciones de 2016 en Estados Unidos, sino por el comportamiento adoptado por Trump que replica los autoritarismos autócratas de caudillos que gobiernan las exrepúblicas soviéticas del este europeo, cohesionadas en un bloque que, aunque se liberó del comunismo, mantuvo el talante estalinista. Ahí tenemos gobernantes reelectos consecutivamente en procesos nada transparentes, anticapitalistas con millonarias cuentas en paraísos fiscales y que auspician el totalitarismo y servilismo, como el que aún merodea Latinoamérica.