Reconstruir un Ecuador quebrado

- 25 de junio de 2020 - 00:00

No nacimos como un país democrático o capitalista; sin embargo, reconozcamos que después de más de 150 años, el capitalismo y la democracia han sido aceptados por nuestra nación. La pregunta es: ¿en qué forma de democracia y capitalismo nos desenvolvemos? La mayor parte de nuestra gente juzga al estado como represivo, como una institución que niega los derechos civiles, que nos niega la justicia.

Y si somos capitalistas, por qué solamente tenemos industria extractiva: petróleo con precios injustos, banano que usa niños en su producción, minería que contamina nuestro ambiente, madera que deforesta los bosques donde viven los pobres. Y, como capitalistas, esperamos estar inmersos en la asistencia técnica del mundo desarrollado. Contratamos millardos de dólares para construir nuestra infraestructura y capacidad de producción, que la paga nuestra gente diariamente, siendo ellos mismos, incapaces por falta de educación y desarrollo cultural, de pensar en forma orgánica y creativa. ¡Qué desperdicio!

Los tres pilares para construir una verdadera nación son: la economía, la sociedad civil y el Estado. Lamentablemente lo que aprendemos en las universidades sobre economía, no es aplicable en un país en el cual le domina la economía de las drogas y las mafias. Y la verdad es que no sabemos (y eso es cierto a nivel mundial) cómo poner en acción un sistema de economía legal. La consecuencia de esto es que la sociedad está atrapada en las redes de la corrupción.

Nos queda el Estado, cuyo gobierno debería estar funcionando en base a: controlar los medios que generan violencia, administrar las finanzas públicas, invertir en capital humano, defender y desarrollar los derechos civiles, construir la infraestructura, administrar los activos tangibles e intangibles del país mediante reglas claras, crear mercados, negociar acuerdos internacionales que incluye, por supuesto, la deuda pública, y probablemente lo más importante, hacer que impere la ley.

Para lograr un estado que realice estas funciones tenemos que repensar la noción de capital. Y el capital financiero es la menos importante forma de capital. El dinero no es capital en nuestro país; es solamente efectivo que se gasta y se roban, pues carecemos de la institucionalidad y de la estructura administrativa organizacional que transforme este dinero en efectivo, en un capital financiero. Lo que realmente necesitamos es una combinación de capital físico, capital institucional, capital humano en un entorno de seguridad y amplia información. ¿Será esto mucho pedir? (O)

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