Diálogo

- 09 de octubre de 2019 - 00:00

Originaria de la palabra latina dial-gus, que proviene de un concepto griego, un diálogo es una conversación entre dos o más personas, que manifiestan sus ideas o afectos de manera alternativa. Un diálogo es también una discusión o un intercambio de impresiones con el fin de llegar a un entendimiento.

Aunque el diálogo se inicia a través de diferentes puntos de vista, lo cual es crucial para que exista, se desarrolla un buen diálogo basado en un entorno de reciprocidad y conciencia. Los primeros diálogos registrados datan de 1433 en Oriente Medio y Asia, con disputas en la civilización sumeria que se han conservado en copias.

El diálogo, un concepto tan predicado hoy en día, a menudo es poco empleado en la práctica. Como reflejo de esto, también crece la falta de respeto, la intolerancia y la violencia entre las personas, que prefieren perder el tiempo acosando a aquellos que piensan diferente en lugar de realmente tratar de escuchar lo que el otro tiene que decir.

Para el estadounidense Tom Atlee: “No todas las conversaciones son diálogos. El diálogo es una investigación conjunta en la dirección de una mayor comprensión, conexión o posibilidades. Cualquier comunicación que se ajuste a esta definición, es diálogo; si no encaja, no lo es”.

Por lo tanto, especialmente en tiempos de crisis, es esencial tener inteligencia emocional y social para lidiar con diferentes opiniones y hablar amigablemente, sin enfrentar con violencia ni atacar a nadie. Cada cual tiene su propia historia, creencias, valores y formas de ver el mundo. No porque alguien no piense como nosotros, no merece ser respetado.

En el gran balcón del diálogo se trata de escuchar, hablar, presentar puntos de vista y escuchar, pero sin obligar a nadie a aceptar o estar de acuerdo con su visión ni estar obligado a hacerlo. El diálogo surge como una oportunidad de crecimiento para todos los que están abiertos a la comprensión.

Es, esencialmente, una vía para llegar a un consenso y resolver diferencias a través del sano intercambio de ideas y no mediante el uso de la fuerza bruta. El diálogo trae paz.

Con los últimos acontecimientos en nuestro Ecuador, de una violencia inusitada en las protestas, se observa que hay intenciones perversas, con oscuros propósitos que generan caos y un miedo colectivo, mediante la manipulación de la información y técnicas sofisticadas que usan mucho dinero.

Tratan de deslegitimar el diálogo y así evitar cualquier acuerdo que permita superar esta situación difícil. ¡Dialoguemos! porque somos humanos, somos ecuatorianos y nos beneficia a todos. (O)