El doble estándar

- 05 de julio de 2020 - 00:00

En el Ecuador, el goce pleno de derechos de las mujeres todavía está en construcción. En pleno siglo XXI son muchos los paradigmas, herencia de un pasado colonial, que siguen vigentes. 

Ese pasado colonial, en el que dominaba la Iglesia católica y la monarquía española, impuso a las mujeres un único destino posible: confinarlas a la vida privada mediante el matrimonio o el claustro. Este confinamiento alcanzaba los límites jurídicos: la mujer necesitaba de un tutor masculino para que la represente.

Así, de tener un tutor paterno, la mujer pasaba a ser tutelada por su esposo, quien, en las clases acomodadas, era elegido por los padres de la novia para, posteriormente, realizar matrimonios arreglados con el fin de preservar purezas de sangre y patrimonios.  La otra opción que tenían, era ingresar a los claustros religiosos. Algunas, ante estos destinos trágicos, preferían suicidarse.

Si bien en los últimos años las mujeres hemos logrado sortear las barreras que limitaban nuestras aspiraciones a escenarios privados, todavía somos atacadas cuando osamos participar en ámbitos públicos como el político, lo cual se convierte en otra forma de violencia de género.                                                                              

Al respecto, voy a referirme a Soraya (nombre protegido), quien hizo denuncias de corrupción. Como represalia, los denunciados la desprestigiaron en todo sentido, incluyendo su aspecto íntimo y sexual. Soraya inició una demanda contra sus detractores y pese a las múltiples pruebas presentadas, ha sido archivada.

¿Por qué las mujeres no podemos participar activamente de la política sin que seamos atacadas desde nuestra condición femenina y nuestra sexualidad?, ¿por qué todavía existe doble estándar para juzgar a hombres y mujeres?

Estos comportamientos son intentos desesperados de grupos ultra conservadores y religiosos por mantener el status quo sin ser cuestionado ni modificado. Si bien es cierto, un sector de la población legitima y se une a estos ataques, hay otro, cada vez más grande, que está consciente de los beneficios que tiene una sociedad en la que las mujeres participan de forma activa. Los días de oscurantismo cada vez están más lejanos. (O)

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