La democracia nos llama a todos

- 06 de septiembre de 2020 - 00:00

Al votar, elegimos al líder político principal, pero de paso también a muchas otras personas que lo acompañarán en la tarea de gobernar. Nietzsche observó que la democracia termina cuando el ciudadano consigna el voto; alertaba, además, que en el ejercicio del poder el elegido no es el único tomador de decisiones, ya que por humanas limitaciones no conoce de muchos ámbitos, por lo que requiere expertos en distintas disciplinas, cuyos criterios sirven para decidir los designios de la nación.

Corresponde reformular aquello, más aún si la democracia y la política están en crisis, deslegitimadas y causan desafecto; si la participación social en lo público es solo entelequia. Una causa de ello es que hay pocos políticos idóneos, pero muchos nefastos, hay faranduleros, influencers, populistas decadentes, espantajos y hasta reos de la justicia. Estamos ante algo engorroso: la democracia no satisface ni brinda confianza a 3 de 4 personas; se elige autoridades, pero no se las controla, menos todavía a sus colaboradores clave; las credenciales y actuación de la mayoría de políticos son pésimas.

Urge mayor involucramiento de la sociedad en los asuntos públicos; más allá de preferencias ideológicas o políticas, de la papeleta, el spot y el meme, los candidatos y su gente deben poseer admirable trayectoria y valores, también formación relevante para afrontar asuntos difíciles que optimicen las previsiones de futuro; economía, salud, educación, recursos naturales, tecnologías, son pocos ejemplos de campos que exigen conocimientos especializados para su conducción.

La medida por excelencia, del respeto a la sociedad, que tienen partidos y movimientos políticos, y de la comprensión de la grave realidad actual, debería estar dada por la calidad de los aspirantes que soliciten el apoyo popular. Involucramiento ciudadano, voto consciente, políticos meritorios y competentes pueden robustecer la democracia, cuando el país más lo necesita. (O)

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