Del jazzman al Presidente

- 04 de febrero de 2015 - 00:00

“El neocolonialismo debería ser intolerable en América Latina”, Rafael Correa, titular de ecuadorinmediato.com, basado en Rusia Today. De acuerdo, Presidente, pero, ¿cómo hacemos para que sea insufrible en la gente? Pues, en sus mentes y corazones, ahí es donde comienzan y terminan las revoluciones. Verdad súper verdadera y nada nueva bajo el sol de este miércoles. Usted, Presidente, en los últimos foros internacionales y conferencias magistrales, le ha dado vueltas al verso, ha mostrado sus efectos como el comportamiento malvado de Chevron, el comercio internacional y sus términos abusivos para los países del llamado Tercer Mundo, la conducta mafiosa (el calificativo es de este jazzman) de algunos altos organismos mundiales, etc.

El poeta Aimé Césaire (1913-2008), en 1955, publica el alegato contra el colonialismo antes del maquillaje temporal ‘neo’. Unas líneas ilustrativas: “Entre el colonizador y el colonizado no hay lugar sino para la servidumbre, la intimidación, la presión […] las culturas obligatorias, el menosprecio, la desconfianza, la altanería, la suficiencia, la grosería de élites descerebralizadas y masas envilecidas”, Discurso sobre el colonialismo, UNAM, pág. 12. La descripción de esa relación en esencia no ha cambiado, se ha perfeccionado, ahora es refinada en el lenguaje y en las formas, adornada en diplomacia de mayordomía, cargada de abalorios distractores y en trucos culturales (o ideología). La palabra ‘imperialismo’, por ahora archivada, sería la ‘semántica cognitiva’ de esta desfavorable realidad para América Latina.

¿Vamos bien, Presidente? Al final de las cuentas, entre teorías y prácticas, el resultado evidente es quién se queda y le saca provecho a los bienes naturales, los dueños del territorio (incluido su contenido) o el colonizador (cuando no es comprador justo y legal). O sea economía política, tema de su preferencia. Un campesino de San Lorenzo, quien había padecido estas ‘semánticas’ políticas, la explicó en su saber fácil (o cognición cimarrona): “Ningún rico llega a invertir su plata para mejorar la casa del pobre, sino por mandado y recomendación de los que saben cuánto vale la casa del pobre […]. Nosotros no le interesamos, les interesa nuestro territorio y los recursos que hay en él”. La academia tiene sus códigos lingüísticos respetables y el cimarronismo de barrio adentro los suyos también admirables.

Usted y yo, hemos leído a Paulo Freire (1921-1997), nadie más anticolonialista (sea del clásico o neo) que el brasileño. Se ocupó de la inteligencia y la sensibilidad de la gente menor, sin tanto artilugio retórico y bastante enfoque en una pedagogía liberacionista. Una curiosidad, Presidente, en el MEC, ¿saben de su abundancia anticolonial del corazón? Acepte mis dudas. Unas palabras de un amigo suyo ayudan a mejorar este currulao telegrafiado: “La educación escolar tiene un papel fundamental en el proceso de transformación social”, las dijo Frei Betto. Axê.