Del Jazzman al Ministro

- 01 de junio de 2016 - 00:00

El ministro es Augusto Espinosa y se ocupa de la educación estatal intercultural, es decir, de aquello que es viejísimo en la historia americana e intenta estudiarse en el Ecuador, para que “haya culturas sin racismo”. Algo nada fácil, porque “el racismo no ha podido esclerosarse. Le ha sido preciso renovarse, matizarse, cambiar de fisonomía”.  

Los entrecomillados pertenecen a Frantz Fanon y son de Racismo y cultura, p. 39; por cierto, Augusto, casi ningún estudiante sabe quién es esta eminencia afroamericana. No importa, muy pronto lo sabrán. Las hermanas de la Comisión por la Etnoeducación referían sorprendidas que Usted ganó horas ministeriales y de aprendizaje al escuchar los olvidos de siglos del Estado ecuatoriano de nuestra inmensa e infinita vida activa desde que, como versifica Antonio Preciado, “gritamos nuestra llegada”, primero a pulmón limpio, luego con trabajo creativo y un chininín de tiempo después con los sones de nuestra cultura. ¿Sabe qué, Augusto, usted fue el primer oído sincero en 186 años republicanos? ¡Plop! ¡Plop! Son caídas simbólicas hacia atrás de incómoda sorpresa. Usted, en cambio, ya tiene material para los buenos recuerdos.

El Acuerdo Ministerial Nº MINEDUC-ME-2016-0045-A es un jarrito de agüita florida en un pampón de necesidad de aprender, desaprender, reaprender y comprender por parte de la niñez ecuatoriana de lo que fue y es el Pueblo Afroecuatoriano. Entonces, Augusto, esta es la mamá de las noticias y quisiéramos que el ekobio Orlando Pérez, director de El Telégrafo (¿a quién más solicitar?), le dé el vuelo de importancia indispensable y el seguimiento de aplicación; esa es otra dificultad multiplicada por otras no menos tenaces. Por ejemplo, el desconocimiento del profesorado, la escasez de interés académico de las universidades ¿ecuatorianas?, la pusilanimidad de directivos de las unidades educativas y la tecnocracia eurocéntrica de su ministerio. Pero no hay drama, Augusto, está el cimarronismo etnoeducador para empujar con fuerza de anhelos ancestrales, principalmente del Abuelo Zenón. El filósofo del norte esmeraldeño se murió enfermo de desconfianza en el Estado ecuatoriano, aunque esta es una ínfima señal donde quiera que esté habrá desfruncido el ceño.

Algunos de aquellos que reclamaron al Estado ecuatoriano la inclusión total y absoluta de conocimientos y saberes africanos, afrodiaspóricos y afroecuatorianos en el sistema educativo se murieron maldiciendo ese racismo estructural e institucional, a otros se les agotó la confianza en decenas de reuniones sin producto con la burocracia ministerial, están los que sumamos alguito al total del esfuerzo y quedan los más cimarrones, mujeres y hombres. Unos pocos nombres imprescindibles: el Maestro Juan García, Barbarita Lara, Iván Pabón, Inés Morales, María Luisa Hurtado, Amadita Cortés, Lennis Bennett, Wendy Mosquera, huy, se acaba el espacio. Y ahora, Usted, Augusto, que abrió la muralla en el sentido guilleneano. (O)

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