Del Jazzman a Bonil

- 18 de febrero de 2015 - 00:00

Se aceptan sus disculpas y con mano extendida, Bonil. ¿Cómo llegamos a este momento? Esa es la pregunta y el porqué un probable aliado en la lucha antirracista del Pueblo Negro termina al otro lado de la mesa de querellas. Usted y el hermano Agustín Delgado son víctimas de un sistema educativo que todavía no alcanza a ser de todas las culturas de nuestro país. En esta jam-session dejaré de lado esa ácida discusión de si fue o no una acción represiva del gobierno de la Revolución Ciudadana contra usted, ubicado en el punto de mira como caricaturista opositor; para nada es así, admita la autonomía de las organizaciones demandantes y de la hermana Alodia Borja.

De acuerdo, la crítica al político es inevitable y así disguste se obliga aceptarla. Desde ese enfoque tiene razón, Bonil, sin embargo el horror está en los detalles. Vuelva a analizar la caricatura y se le patentizará el agravio racista: “Ya no es un negro pobre, ahora es un pobre negro”. El juego de palabras lo denuncia: “Pobretín, pobretón”. Antes eran unas carencias, ahora son otras peores. No es refinamiento de su idea crítica, por favor, salta a la vista. La hermana Alodia Borja ha insistido sobre la “carga histórica de prejuicios racistas” de la sociedad mayor ecuatoriana, es decir, el inconsciente colectivo conformado durante siglos para diferenciarnos de manera negativa, en lo social y racial (cultural). Usted, Bonil, sabe -y muy bien- sobre los estándares exigidos a la gente negra, donde quiera que esté, y cuando aparenta no cumplirlos se suelta esa maldita frase: “Negro (o negra) tenía que ser”. O el adjetivo ‘bruto’ está a flor de labios para definir nuestras capacidades. En serio, amigo, la sociedad ecuatoriana es racista y de ninguna manera pasiva.

El racismo, tal y como ahora lo conocemos, comenzó con un chiste, pero ya no lo es. Cuando usted revise cifras socioeconómicas de nuestro país comprenderá mejor. Bueno, el dato sobre el desempleo para el Pueblo Negro está en el 7%, la media nacional en el 4%, nosotros tenemos la cifra más alta con respecto a los otros grupos socio-étnicos. A pesar de los evidentes avances sociales en la actual Administración, las desigualdades continúan en educación, salud y pobreza.

La persistente mala educación ministerial pierde de vista el valor cultural y humano de los pueblos y nacionalidades del Ecuador, grave falla en lo intercultural. Usted y Agustín Delgado son ese producto cada uno en su paraje emocional. En el caso del hermano, la pobreza con infortunios e insuficiencias aún le persiguen, pero no lo agobian, se esfuerza por ser un cimarrón a lo Jaime Hurtado y quizás de más antes, imitar a Alonso de Illescas o a mujeres históricas de su territorio como Martina Carrillo. Él está obligado a avanzar en su proceso formativo a la velocidad de las exigencias políticas de la sociedad mayor, ahí está el desafío y este jazzman confía que no sucumbirá. Sépalo, Bonil, no hay rencor hacia usted.