Deísmo y ateísmo

- 27 de octubre de 2018 - 00:00

Hay quienes creen que todo lo maravilloso del universo es obra de Dios, sin embargo, con todo lo poderoso que lo consideran, no lo juzgan autor de las maldades y las tragedias humanas. Por eso hay cada vez más personas que consideran que la divinidad es una creación humana, que la crearon los poderosos para someter a los débiles. Christopher Hitchens considera que Dios tiene todos los atributos de bondad y amor, provee lo bueno, pero los infortunios no se le atribuyen.

Asegura que “De Dios provienen la compasión, el consuelo, la salud, el amor y, cuando nada de eso llega, cuando la vida es un infierno de sufrimientos, la responsabilidad nunca se atribuye a Dios sino a la fatalidad. Dios es todopoderoso, pero los males que suceden son obra del demonio o están allí para poner a prueba la fe de los hombres y hacerlos dignos de la vida eterna”.

Se pregunta “si la especie humana es un sueño de Dios o Dios es el sueño más antiguo de la especie”, y cita a Luis Borges manifestando que “la teología es una rama de la literatura fantástica, (que) Einstein hizo célebre el sarcasmo de que ser experto en Dios equivalía a ser experto en hadas”.

Toma de Ferry Eagleton que “hay un vínculo entre los fundamentalismos y el capitalismo global, que genera odios, ansiedad, inseguridad y sentimientos de humillación”. Concluye que si Dios no existe el hombre es la única fuente de valores (“Dios no es bueno”, Debate, Buenos Aires, 2008).

Desde 1996 Michael Behe defiende la teoría del diseño inteligente, el creacionismo bíblico. Esta teoría fue adoptada por el gobierno de George W. Bush, e impuesto en algunos estados de la Unión, aunque Darwin demostró que las especies, incluida la humana, “son consecuencia de una cadena de transformaciones naturales”.

La religión siempre se opuso a las evidencias científicas, como que el universo es fruto de un azar infinito. Siempre habrá gente que anhela volver al pasado conservador. (O)