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El Telégrafo
Daniel Soto

Decimos ser libres

20 de mayo de 2022 - 14:08

Se acerca el 24 de Mayo y en el feriado deberíamos conmemorar la batalla del Pichincha, cantar el himno nacional, a la bandera, al escudo o por lo menos esa canción pegajosa que nunca pasa de moda “A mi lindo Ecuador”. Como sea que se conmemore, estoy seguro de que Antonio José de Sucre no se imaginó que comandaría un ejercito entero para conseguirnos la emancipación definitiva de lo que fue un constante abuso de la corona española, solo para que 200 años después estemos sumidos en la corrupción y el narcotráfico.

 

Según la historia, pese a que el 10 de Agosto de 1810 los próceres de la independencia gritaron libertad por primera vez, no se consiguió una completa emancipación del reinado de España sino hasta 1822 por la vía de las armas. Así se demuestra que decir que somos libres, no nos hace realmente libres.

 

Dos siglos después, el país no recibe órdenes directas de niguna corona ni se deja robar el oro en barcos que salen con destino Europa, bien por eso; lo malo es que ahora las órdenes las dan un puñado de poderosos que se escudan detrás de partidos políticos a los que proveen fondos para ganar elecciones y así robarse dinero vía transferencia electrónica con destino Miami. Además le servimos de carretera y lavadora de dinero al narcotráfico colombiano o mejicano que se lleva el efectivo en maletas con destino también Miami.

 

Si algo debemos aprender de la gesta libertaria es que no importa cuántas veces grites que eres libre, eso no te hará libre realmente. Del primer grito de la independencia hasta que por fin se consiguió expulsar a los españoles, pasaron casi 12 años, que es más o menos el tiempo que Glas deberá pasar preso por robarse el dinero del pueblo, y tendrá que cumplir su pena aunque él y Pedro Granja griten mil veces que es inocente.

 

Se acerca el feriado y seguramente habrá quien quiere viajar. Si me preguntan a mi, no gracias, que nos roban. Para los que vivimos en Quito las opciones playeras están en Esmeraldas, donde la lucha por el territorio del narcotráfico está ardiente. Aunque también está Manabí, en donde no hay disputa territorial de ese nivel, pero se sabe que de sus playas salen lanchas cargando droga a diario y donde la gente es libre de traficar paquetes de cocaína, hay poco espacio para el resto de libertades.

 

Sería opción ir a visitar el mural de la 24 de Mayo, ese que fue obra del aparentemente famoso Okuda, que ha pintado muros increíbles alrededor del mundo, pero aquí se sintió lo suficientemente libre como para pintar un muñeco de ánime japonés junto a 3 indígenas. No importa cuántas veces el Municipio de Quito diga que el mural nada tiene que ver con el tema de la libertad, pero es que ese mural es la primera obra de la llamada “Ruta de la Libertad”, pintado sobre la calle 24 de Mayo, que se inauguró días antes del feriado conmemorativo de la batalla del Pichincha, que se festeja el 24 de mayo, en el año del bicentenario de la independencia. Al nombre, calle y fechas se les suma que el mural fue un regalo de la corona que nos tenía sometidos mientras se sacaba el oro hasta hace 200 años. Bueno, lo oficial es que el mural nada tiene que ver con la libertad, pero yo soy libre de creer que están diciendo mentiras para evitar la verguenza.

 

Si fueramos realmente libres, pintaríamos de blanco esa pared una vez que la ciudad haya demostrado su descontento. No les bastó con el oro y la identidad de los Incas, sino que ahora tambíen se nos quieren robar el buen gusto.

 

Sea como sea, este 24 de Mayo, año del Bicentenario, decir que somos libres sería mentirnos a nosotros mismos; si conmemoramos algo, que sea la oportunidad del aquí y el ahora para conseguir una verdadera libertad.

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