De las barajas a los libros

- 28 de agosto de 2018 - 00:00

Por maravillosa que sea la lengua escrita y su mejor presencia, la literatura, jamás podrá usurpar el lugar de la lengua hablada. La lengua escrita nació hace unos 6.000 años, al norte de África hasta el oriente de Asia.

Europa conoció la escritura mucho después. La alfabetización masiva de la población mundial empezó tras el perfeccionamiento de la imprenta, cerca de 1500, y todavía no se completa. Digo perfeccionamiento, no invención de la imprenta. los inventores originales de la imprenta fueron los chinos. Ellos reproducían estampas religiosas mucho antes que el Vaticano y hacían barajas muchísimo antes de que las usaran en Las Vegas.

Cuando los mongoles conquistaron China, ni vieron las estampas religiosas. eso explica que adoptaran luego la fe musulmana, tan temerosa de caer en la idolatría como el judaísmo. En cambio, los mongoles se enamoraron de las barajas en China. Hasta el día de hoy, los soldados juegan cartas, especialmente cuando están libres, entre batalla y batalla. Los mongoles compraban o robaban continuamente barajas en China, porque se dañan con el uso constante.

Hasta que algún caudillo mongol decidió que era muy costoso y complicado mandar a pedir barajas de China, cuando estaban a las puertas de Europa. Llevaron entonces los moldes de madera grabada para reproducir las barajas. Era inevitable que sus tratos comerciales con la Europa medieval, este dispositivo pasara a Occidente. Los únicos que le concedieron algún valor fueron los monjes cristianos, paradójicamente, para hacer estampas religiosas. 

La innovación que cambiaría al mundo la dio Gutenberg en Maguncia (entonces ciudad libre) a fines del siglo XV. Él cambió el grabado fijo en madera de los conventos, por letras intercambiables de metal. La imprenta de tipos móviles había nacido. Pero la popularización del libro demoraría en llegar. Por eso, buena parte de los españoles que llegaron a América en el siglo XVI eran analfabetos... ¡y gran parte de los que se quedaron también! (O)