Cuenca

- 30 de octubre de 2020 - 00:00

El próximo 3 de noviembre se celebrará el bicentenario de la independencia de la ciudad de Cuenca, esta rebelión emancipadora se remonta a una década anterior a 1820 y según algunos historiadores, el hecho que inspiró a este movimiento libertario, fue lo sucedido en Guayaquil el 9 de octubre de 1820.

Desde entonces, sus ciudadanos han trazado una historia de contrastes, entre conservadores y liberales; ciudad de tradiciones y de movimientos cuestionadores de lo establecido; ciudad de creencias profundamente católicas y de creadores que han forjado su rebeldía desde el arte; pensadores y poetas que han escrito su propia historia desde la contemplación y la libertad. Artesanas y artesanos que han desplegado un vuelo infinito desde sus manos.

Cuenca de aleros y calles de adoquín que guardan los pasos de sus andantes, ciudad de campanarios de luz que anuncian la alegría del amanecer,

Cuenca de ríos lamidos por sauces llorones; lavanderas de colores que dialogan con el agua, templos de silencios escondidos…

La fuerza del Julián Matadero, nombre de pila del río Tomebamba, arrasó con sembríos y puentes, dejando el emblemático Puente Roto, hoy albergue de pintores, músicos, teatreros, danzantes de sueños, arlequines juguetones que celebran la vida…

Cuenca de casas colgadas del Barranco, casas que cuentan secretos de vidas pasadas y de fantasmas inquietos que deambulan haciendo cosquillas a los niños…

La Cruz del Vado, barrio emblemático de esta ciudad, nacido en 1557, refugio de bohemios, cantores y poetas, lugar de encuentros clandestinos que guarda los misterios de su gente…

La Cuenca del ritual de la comida, recetas que han circulado desde la tatarabuela hasta hoy: El delicioso mote pata, potaje simbólico de lo pagano y del destape del carnaval. Los tamales colorados que aletean los sentidos. Las cascaritas de “cuchi chaspado” manjar de los dioses. Las carnes secas y las papas locas. Los cuyes crocantes de “Las Piti Muchas”. El mote sucio y el mote pillo, delicias del maíz. Los dulces de Corpus que acompañan las noches del Septenario.

Celebremos a la Cuenca que ha dejado una impronta en nuestra memoria e identidad.

¡¡¡QUE VIVA CUENCA!!!

 

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