La enésima cruzada antikelseniana

- 28 de agosto de 2018 - 00:00

Una parte importante de nuestra academia puede ser descrita –con una metáfora usada por un querido maestro– como una provincia lejana de la capital en donde las noticias llegan siempre tarde. Los lugares comunes sobre el pensamiento kelseniano, que hoy reclaman su lugar en varios conversatorios, en artículos de opinión, raramente en artículos académicos y, con cierta frecuencia, en redes sociales, constituyen el enésimo ejemplo de esta tendencia en nuestro país.

Entre otras cosas, se olvida a menudo (más bien, es más probable que no se trate de un olvido, sino de puro desconocimiento) que Kelsen, además de haber sido el más importante teórico positivista del siglo XX, era también un liberal y un demócrata. Dos de sus trabajos más importantes al respecto fueron escritos, respectivamente, en 1920 y 1933, de modo que Kelsen no era simplemente un demócrata, sino que había defendido ese sistema en el entorno más adverso posible: sus consecuencias, de hecho, las pagaría en carne propia.

En el primero de estos trabajos, Kelsen realiza una defensa articulada, sobre la base de un estudio riguroso, de la democracia como forma de gobierno atada al concepto de libertad. “Ya que hemos de ser gobernados –escribe Kelsen– aspiramos al menos a gobernarnos por nosotros mismos”. En una interpretación dual (admitidos dos significados, uno personal y otro social, del término “autogobierno”), aquí se puede hallar, en ciernes, una distinción sobre el concepto de libertad que solo aparecería con claridad años después en la obra de Bobbio y de Berlin.

En su obra jurídica, su ideología política no se opone a su afán “cientificista” respecto del estudio del derecho (que no se agota en la “Teoría pura”, que muchos de los críticos y académicos de redes sociales conocen solo a medias). Muchos desconocen, por otra parte, que varias de las críticas a la teoría de Kelsen fueron desarrolladas al interior del propio positivismo jurídico (Ross sobre el concepto de validez, Bobbio sobre la norma hipotética fundamental, solo para poner dos ejemplos). Muchos avances en la teoría del derecho se han hecho con Kelsen, y otros contra él, pero jamás ha dejado de ser el referente más importante en la materia.

Hablando de esto, hace poco dije que, en Ecuador, era necesario aclarar ciertos puntos para que los lugares comunes dejen de pulular. Dije que esa charla podría llamarse “En defensa de Kelsen”, recordando un trabajo que –si no me equivoco– Albert Calsamiglia (reconocido filósofo del derecho catalán, fallecido siendo muy joven) publicó solo como un Working Paper en 1997.

Quizás para recordar lo que dije al inicio: a una buena parte de nuestra academia las noticias parecen llegarles muy tarde. (O)