Crimea: estamos jodidos

- 28 de marzo de 2014 - 00:00

Finalmente, fue el turno del presidente Obama de tomar el podio. Después de varios años de distanciamiento con Europa, embarrado por acusaciones de espionaje y algunos impasses diplomáticos con la canciller alemana Ángela Merkel, el presidente Obama aprovechó su visita del miércoles para fortalecer su compromiso con la OTAN, a la vez que arengó al continente bajo un manto de valores comunes en contra de la ‘fuerza bruta’ de Rusia.

Luego defendió las acciones de Estados Unidos en Irak frente a las acusaciones rusas sobre su hipocresía, recordándole a su audiencia que él estuvo en contra de la invasión, pero que “incluso en Irak, EE.UU. buscó trabajar dentro del sistema internacional. Nosotros no reclamamos ni anexamos el territorio iraquí. Nosotros no utilizamos sus recursos para nuestro beneficio”.

Cuando dice “trabajar dentro del sistema internacional”, se refiere a invadir un país a pesar de carecer de pruebas para hacerlo (todavía siguen buscando las armas de destrucción masivas) o la debida autorización del Consejo de Seguridad de la ONU. Y cuando dice “nosotros no utilizamos sus recursos para nuestro beneficio”, es descontando Halliburton y el resto de compañías que lucraron de la guerra.

En el pragmatismo internacional puro y duro, los que ponen las reglas siguen guiando sus acciones por una unipolaridad arcaica e impositiva.Esa es la voz que comanda a Occidente. La que comanda a Rusia tampoco es mucho mejor. Según una encuesta realizada por VTsIOM, institución estatal de opinión pública, Vladimir Putin tiene una aprobación de 82,3 puntos después de la anexión de Crimea. Esto es posible en un país donde los medios, también estatales, han bombardeado a la ciudadanía con noticias sobre un gobierno nazi en Kiev, dispuesto a prohibir el ruso y fomentar la violencia contra los de origen ruso. La madre Rusia donde a Guantánamo le llaman Siberia.

Dos malos no hacen uno bueno. Pero siendo este el mundo, estamos jodidos.

Esta parodia del absurdo se complementa con las amenazas blandas de sancionar económicamente a Rusia, sin en realidad querer hacerlo. Por su lado, dentro de su discurso nacionalista y demagógico (los parlamentarios que escucharon a Putin se debatían entre los aplausos y el llanto), Putin ha priorizado la seguridad nacional y el espíritu imperial de Rusia. Ambos lados creen tener al derecho internacional a su favor.

Entre los escombros del debate, la conversación olvidada sobre la legitimidad de la autodeterminación de los pueblos, de las condiciones para su legitimidad y de cuáles de estas estamos dispuestas a aceptar (el mismo caso ucraniano, Sudán del sur, Escocia, Cataluña, etc.). En el pragmatismo internacional puro y duro, los que ponen las reglas siguen guiando sus acciones por una unipolaridad arcaica e impositiva. Una que les concede, al parecer, la única vara de la verdad.

En el gran juego geopolítico, hay un pueblo en el limbo. Entre la guerra y la política. Un lugar incómodo donde estar.