Comenzar de nuevo

- 11 de junio de 2018 - 00:00

Es un ejercicio probablemente no muy popular entre la mayoría de la gente, aquél, el de hacer de cuenta que nos encontramos en un lugar donde no hemos construido nada y lo que hemos logrado hasta el momento actual podría ser efímero o equivocado.

Comenzar de nuevo, desde cero, es un latigazo al baúl perezoso donde guardamos y acumulamos nuestros logros, fallos, reputación, conocimientos o tiempo de trabajo; lo que se llama comúnmente como “experiencia”, esa con la que revestimos a viva voz nuestra autoridad.

Los monjes budistas tibetanos tienen como ejercicio de desapego realizar mandalas con arena, los que bien podemos definir como representaciones del universo.  Para su creación, la arena debió pasar previamente por un largo proceso, para que luego los millones de gránulos de colores puedan ser utilizados para armar el colorido símbolo.  Al finalizar la esforzada labor, los mandalas son destruidos.

¿Cómo imaginar que después de tantos años de experiencia en un campo vital cualquiera habríamos de comenzar de nuevo? Incluso para recorrer el mismo camino que pensábamos conocer y ahora fijarnos en los detalles.  Esto no es cualquier cosa.  Se requeriría de una fuerza abismal para volver a comenzar y saber que lo que se ha venido haciendo, acopiando tanto cosas materiales como insustanciales, sería como uno de esos granos de arena, ya que no llega a mandala.

La autoridad vendría dada por eso que se cree que se tiene y en un consenso mutuo, lo avalamos sin cuestionamiento alguno.  En la acumulación de cosas o en el ideal de que el paso de los años vividos nos entrega la experiencia que nos baña de autoridad posicionada ante otros, se nos escapa la sensatez.

Sin embargo, el tiempo nos persigue inexorablemente recordándole un poco al ego los pasos dados, los libros leídos, los pacientes atendidos, las columnas escritas o los intentos fallidos.  Es como aquél problema lógico del caracol, solo que ahora por el día sube dos metros y por la noche resbala dos.

Aquí estoy, desde cero. (O)