Cené con Fidel

- 30 de marzo de 2020 - 00:00

     Voy a sonar como un chifletas. El Telégrafo me da este espacio y yo, medio tocadito por el encierro, utilizo mi columna semanal para narrarles mis sueños.

     Ténganme paciencia. Hace 6 años que no soñaba y, tras tanto tiempo, ¡vaya sueño que tuve! El contexto: cené con Fidel Castro (ya canoso, con voz ronca y pausada). ¿Lo relevante? Que recuerdo con punto y coma el diálogo que tuvimos:

     - Mira muchacho, tu generación tuvo el privilegio de ver en las calles a niños, mujeres jóvenes, hombres adultos y ancianos. En un parque, en un centro comercial, en un aeropuerto. Tu generación es de aquellas que relacionaban “viejo” con “cabello blanco”.

     - Ya. ¿Y cuál es tu punto Fidel?

     - Mírame las canas. Piensa en las de tu padre. Esto, joven, esto parece una trivialidad, pero no lo es. Mírame bien y recuerda los lugares que te describí. Las canas van a desaparecer. Este virus va a borrar a los viejos de la tierra. Y sí, las canas volverán, pero no hasta que los de tu generación sean viejos. Los niños que nazcan en los próximos años escucharán hablar de las canas como un cuento de fantasía.

     Me desperté sudando y supe que mi sueño era descabellado. ¿Se han puesto a pensar por qué le tememos al covid-19? No lo tememos por nosotros, los más jóvenes, porque en fin, es una mala gripe de la cual nos inmunizaremos y ya. Para mi oficina y para mí sería sencillo retomar nuestra rutina. Estadísticamente quizá ninguno de nosotros morirá con esta pandemia. ¿Entonces por qué quedarse en casa? Por nuestros viejos. Por nuestras madres, padres y abuelos. Por quienes edificaron nuestros cimientos, nos dieron de lactar y soñaron con vernos graduados de la universidad. Sí, la razón para quedarnos en casa es salvar a los nuestros, a las canas de quienes amamos.

     Si uno lo mira de lejos concluye que esta pandemia dará un respiro al mundo. La longevidad saturó a la Seguridad Social mundial (sistema hospitalario y pensiones jubilares). La longevidad sofoca a la Economía. Entonces de lejos podemos decir que puede ser una purga positiva. ¿Pero de cerca? De cerca eso no importa, porque en esa purga perecerían quienes nos dieron la vida. No les pido que no mueran, les suplico que no maten. Así que quédense en sus casas porque se lo debemos a nuestros viejos. (O)

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