La candidatura de Ecuador a la ONU

- 28 de marzo de 2018 - 00:00

¿Por qué Ecuador debe presidir la Asamblea General de ONU para el 73 período de sesiones? Porque el país se ha convertido en un punto de referencia mundial, de respeto a los derechos humanos. Ha logrado consolidar una visión de la política exterior, de las relaciones internacionales, centrada en la defensa del multilateralismo para construir un mundo multipolar.

En materia de movilidad humana, da lección de acogida a miles de refugiados. Somos el país que más refugiados acoge en América Latina y, hay que decirlo, sin establecer campos para los mismos y, por el contrario, la Ley de Movilidad Humana les garantiza plenos derechos para integrarse en sociedad. Estos logros son de altísima significación para la región y para el mundo, aunque algunos ‘ilustrados’ internacionalistas prefieran que no se los reciba.

Ecuador ha consolidado una posición sólida, respetuosa al derecho internacional, a la no intervención en los asuntos nacionales de terceros países; de respeto a la autodeterminación de los pueblos; aunque a ciertos gobiernos de la región les agrade más el intervencionismo a todo nivel para congraciarse con ciertas potencias y capitales. Somos un país pequeño, pero hemos logrado, con respeto y ecuanimidad, liderar grupos tan significativos como el G-77 más China.

Proponer un debate serio sobre la responsabilidad de las empresas transnacionales con los derechos humanos o iniciativas para erradicar los indignos paraísos fiscales que vulneran las conquistas sociales, los logros en la reducción de la pobreza y que limitan una mayor equidad y justicia social.

La candidatura de Ecuador es altamente representativa para los países en vías de desarrollo, para América del Sur. Y hoy que el mundo no puede aceptar unilateralismo ni aislacionismos, es digno apoyar la candidatura de la Canciller de nuestro país. La ONU necesita recuperar presencia efectiva y dinamismo. Revitalizar sus principios fundacionales, acorde a las demandas globales del siglo XXI.

A la ONU buena falta le hacen capacidades de innovación para el diálogo entre continentes, regiones, civilizaciones, en un contexto de mayor desigualdad e inequidad mundial inaceptable. (O)