El Telégrafo
El Telégrafo
Ecuador/Mié.3/Mar/2021

Columnistas

Tendencias
Historias relacionadas
Mariana Velasco

Aprender a decir no

27 de enero de 2021 00:00

Espinas con pocas rosas y lo que pudo ser y no fue, así se lo recordará al 2020 en lo personal y profesional, año de la pandemia que deja enseñanzas por doquier.  La más valiosa, que debe conducir al ser humano a replantear su relación con el trabajo, las personas que quiere y la gestión de su tiempo. Si la pretensión es recuperar el control del tiempo, hay que aprender a decir no, algo que va en contra del deseo de agradar a los demás.

Quienes esquivamos el virus y además la fortuna de que no golpeara a seres queridos, navegamos lo mejor posible entre confinamientos, promesas incumplidas, proyectos truncados y ausencias prolongadas. Adueñarnos de nuestro tiempo obligará también a replantearnos qué hacemos en nuestra vida personal.

La pandemia nos ha devuelto el valor de cosas que dábamos por hecho y que, por algún gen defectuoso de nuestra especie, solo se aprecia cuando se pierde. Un abrazo, una conversación con amigos, un viaje o momentos con los padres y abuelos nunca significaron tanto. Es el momento de replantear a qué dedicamos nuestro tiempo y con quién. Un primer paso debe llevarnos a cuestionar como sociedad, nuestra relación con el trabajo.

Los mayores consumidores de esta forma de vida, que antepone el trabajo ante cualquier otra actividad, es la de los Baby Boomers, una generación enfocada a conseguir el ‘sueño americano’, considera que no es ningún problema cambiar las vacaciones por fines de semana largos. Para estas personas suele ser muy complicado poner freno al trabajo y relajarse.

Las contradicciones de nuestro modo de vida se muestran en toda su irracionalidad al pensar que somos ‘indispensables’, al tiempo de permitir que nuestra calidad de vida se deteriore. Con el despegue del teletrabajo, se presenta una oportunidad para transformar el modelo y darle la vuelta a la vieja dicotomía: vivir para el trabajo o trabajar para vivir.

Hoy, sin duda, millones dicen no a esa reunión social que acepta para quedar bien, no a rodearse de personas tóxicas que no aportan y consumen su energía; no a ese jefe que le envía un correo electrónico fuera de horario.

La pandemia nos obliga a entender y aceptar qué, espacios y momentos para el ocio son como la medicina que llega al cerebro, renueva el espíritu, da claridad de pensamiento y beneficia el buen funcionamiento de la presión arterial. Para toda la dimensión de nuestra vida: la salud física, mental, espiritual y cognitiva, es lo que con frecuencia recomiendan los médicos.

Dentro de la tragedia, la pandemia podría ser la oportunidad buscada. Desde su irrupción, cada vez son más quienes concluyen que pasar ocho horas al día en la oficina para pagar arriendo en una ciudad que no tiene tiempo de disfrutar, es absurdo.

Adueñarnos de nuestro tiempo obligará también a replantearnos qué hacemos en nuestra vida personal. ¿Aprenderemos la lección o cuando pase todo, volveremos a dejar que distracciones nos alejen de lo realmente importante?

No se puede exigir cuentas al pasado pero sí, renovar compromiso con el mañana. Mi decisión para el 2021 —y años sucesivos— será no malgastar el tiempo.

Las más leídas