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Ecuador/Dom.26/Sep/2021

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Fausto Segovia Baus

¡Aporofobia!

01 de septiembre de 2021 00:07

Es una palabra acuñada por Adela Cortina, española, autora del libro “Aporofobia, el rechazo al pobre: un desafío para la democracia”, Paidós. La autora integró este nuevo vocablo con los términos griegos áporos (sin recursos) y fobos (temor, pánico), que fue incorporado en el Diccionario de la Lengua Española. La Fundación del Español Urgente declaró a aporofobia como la palabra del año en 2017.

¿Cuáles fueron las razones para que esta palabra haya tenido gran impacto, no solo en los ámbitos lingüístico y semántico, sino en los campos político, económico y social? Adela Cortina responde: “Porque acabar con estas fobias (xenofobia, racismo, misoginia, homofobia, cristianofogia o islamofobia) es una exigencia del respeto no a la ‘dignidad humana’, que es una abstracción sin rostro visible, sino a las personas concretas, que son las que tienen dignidad, y no un simple precio”.

Hay que reconocer que algunos académicos y editores rechazaron al principio este término, por reticencias propias –con argumentos o sin ellos- en contra de las palabras “extrañas” o inventadas. Pero los esfuerzos de la autora y sus colegas tuvieron recompensa. La significación de la aporofobia fue contundente, y esta rareza del idioma de Cervantes tuvo por fin “una voz con autor conocido y fecha de nacimiento”.

El rechazo al pobre y a la pobreza, y su contrapunto -¡qué paradoja!-, la utilización de la pobreza por ciertos políticos para obtener el poder con los votos de los pobres, y luego abandonarlos a su suerte, es una afrenta para la democracia. Sin embargo, el fenómeno subsiste y se incrementa con el paso tiempo por obra de corrientes clientelares, que constituyen una “lacra sin nombre”.

Este libro debería ser leído por todos los políticos y dirigentes sociales y económicos que pretenden gobernar. Los temas que aborda la autora son importantes: los delitos de odio al pobre, el discurso del pobre, nuestro cerebro es aporófobo, conciencia y reputación, biomejora moral, erradicar la pobreza, reducir la desigualdad; hospitalidad cosmopolita, entre otros.

Las razones son obvias: en el contrato social, económico y político construido en el mundo, los pobres son generalmente excluidos. Y el problema –según Cortina- no es de xenofobia, “puesto que la acogida entusiasta de turistas extranjeros contrasta con el rechazo de refugiados e inmigrantes. Es el pobre que molesta, incluso el de la propia familia”.

Cortina advierte que la aporofobia es el resultado de un conflicto moral arraigado, que no implica dar un nombre sino un significarlo para trabajar día a día en favor de la dignidad, el bien ser y el bienestar de las personas. Y porque es un atentado a la democracia.

Si el origen de la aporofobia es cerebral –todos los seres humanos somos aporófobos-, las conductas pueden modificarse mediante cambios psicoeducativos relevantes, basados en claves éticas. Una de estas claves, según la autora, es diseñar y aplicar una ética mínima centrada en el respeto de los derechos humanos.

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