Las alarmas son visibles

- 03 de julio de 2018 - 00:00

Titila la luz, es la señal de alarma que ha sido encendida internacionalmente también. He oído a Pablo Iglesias, de Podemos en España, que nos advierte que esto, que pasa ahora en nuestro país, ya pasó en Brasil con Dilma: apartada del poder, mediante golpe de Estado judicial y complicidad mediática indispensable, que jamás comprobó las acusaciones que se utilizaron para justificar el quiebre que llevó al poder a Temer.

Adolfo Pérez Esquivel, de Argentina, premio Nobel de la Paz, también lo tiene claro: se judicializa la política para perseguir, con la complicidad de jueces banales, al rival político. Él también señala el caso de Rafael Correa, al que se busca denigrar y así apartarlo de la política.

Pérez Esquivel recibió el Nobel como reconocimiento a su incansable lucha pacífica, en pro de los derechos humanos cuando el desangre en América de Sur produjo uno de los momentos más abominables de nuestra reciente historia. Las sangrientas dictaduras arrasaron a nuestros pueblos, lo corrompieron todo, no respetaron principios y valores largamente levantados.

Los otros, los denigrados, eran unos insignificantes “comunistas” a los que se podía lanzar desde aviones, atados, dopados, para que en el mar se los tragaran los tiburones. Hoy no es posible reeditar semejante miseria, aún está fresca en nuestra memoria toda esa historia que con sus aberraciones negaba las utopías, en su lugar nos propusieron distopías muy propias de los regímenes que se sustentaban en la fuerza bruta y el miedo.

Sistema judicial y poder mediático es la combinación que se usa hoy. Ya no es la bota militar, no hace falta, esto otro se presenta modoso y muy cínico. La jueza, que busca el incumplimiento de las medidas cautelares absurdas, quiere dictar la presión preventiva, que Rafael Correa caiga en el abismo, que pise la trampa, que venga y tomarlo preso o que no pueda volver y así deje el espacio libre, que otros, que no amenacen, sean los actores del sainete. Pero nadie sabe a dónde va a parar la historia. Nadie, como en el pronóstico del tiempo, puede controlar los vientos que determinan los rumbos de todo lo que se mueve.

La historia nunca está quieta y nadie podrá arrebatarle el juicio que de todas maneras le hará a Rafael Correa. Ese juicio no estará en manos de jueces cómplices que han cedido a los caprichos, muy finitos y temporales, del imperio y sus secuaces. No hay que olvidarlo, una pizca de indignación es buena para mantener viva nuestra conciencia. (O)

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