Afrofilosofía para principiantes

- 14 de diciembre de 2016 - 00:00

O como lo dijeron los ancestros con idioma propio y en plan premonitorio: Esengeli ete oyeba, es decir: “Tienes que saber, porque tienes que saber”. Sin dudas, es imprescindible saber; conocimientos y saberes, para formar pensamiento crítico. El Abuelo Zenón, del norte provincial esmeraldeño, siendo uno es muchos abuelos (y abuelas, por cierto) de nuestro Pueblo Negro, voz colectiva incesante, sabiduría para ser escuchada y que sirva para cátedra suficiente de cimarronismo político. Hay que escuchar y leer bien, “porque Zenón una vez dijo que no todas las letras son buenas, y la escritura justamente es eso: letras”. Y los colores se racializan para confundir y desentender, también para oprimir. Michael Battle, en su Reconcialition. The Ubuntu theology of Desmond Tutu, 2009, p. 2, indicaba que “lo negro no era solamente ausencia de luz […] sino la ausencia de identidad”. Ocurre por fuerza del racismo en cualquier lugar donde la desmemoria colectiva es el poder del opresor.

La disrupción de conocimientos y saberes, aquellos correspondientes a nuestro pueblo, fomenta el olvido y el mal recuerdo como historia. La denominación intercultural de nuestro sistema educativo no es para el diálogo de saberes de las comunidades de origen africano, que viven costa arriba (Colombia) y costa abajo (Ecuador) del territorio-región del Pacífico. La conversación productiva de los dos Estados para el tema de la marimba como patrimonio de la humanidad fue una buena señal, pero el tizón de buena voluntad se consumió.

El Abuelo Zenón, dicho por el maestro Juan García, expresó fuerte y claro eso de la ‘autorreparación’ o la reparación dentro de las comunidades, para que no se deteriore el Estar Bien Colectivo. Siglos de esclavización y desconocimiento implícito de derechos de ciudadanía en nuestro país (semanas atrás este jazzman estuvo en el acto de reconocimiento a la hermana Marien Segura, primera jueza de la Corte Constitucional, en 184 años de existencia republicana) demandan acciones reparativas en las comunidades negras o reparación colectiva por el bien-estar comunitario. Zenón visionaba esa personalidad individual (imposible de ‘disolver’) como parte de esa personalidad colectiva (imposible de ‘deshacer’). Eso es Ubuntu, filosofía milenaria, reinventada en estos territorios esmeraldeños.

En todos los pueblos de lenguas bantú (o sea provenientes de ese tronco idiomático) el principio filosófico es el humano en relación completa con ‘su’ humanidad, la propia intrínseca; y la colectiva, propia extrínseca. Ese ‘su’ es inseparable por vivencias, coexistencias, avenencias y como resultado de aquello la resiliencia. En el proverbio xhosa (de la nación original de Nelson Mandela) se aconseja que “cada humanidad individual se expresa idealmente en relación con los demás”. Para el último párrafo me apoyé en Ubuntu como vivencia del humanismo africano bantú, de Jean-Bosco Kakozi Kashindi, Devenires, XIV, 27 (2013): 210-225. (O)