Adiós, María Fernanda

- 12 de junio de 2018 - 00:00

Era un clamor generalizado, nadie quería a la Canciller: para el Presidente de la República y su gabinete, el personaje resultaba, al menos, incómodo. Hablar de María Fernanda Espinosa era sinónimo de rechazo, de crítica, me atrevería a decir, de ausencia de política exterior.

Hace unos días la Asamblea Nacional llamaba a tres ministros de Estado a comparecer ante el pleno para rendir cuentas sobre su gestión en relación a la crisis generada en la frontera norte. En ese contexto, la canciller ecuatoriana decidió dar plantón a la comisión legislativa y, por tanto, a los ciudadanos ecuatorianos. Su “compromiso” fuera del país, pactado con antelación, equivalió a no rendir cuentas al país, al que representa en el exterior.

Su apoyo a causas poco democráticas e indefendibles, como son la situación de Venezuela, la crisis política de Nicaragua, sus halagos al régimen cubano, han generado diferentes reacciones en gran parte de los sectores sociales ecuatorianos, que en ningún caso se sienten representados por Espinosa. Por si fuera poco, el caso Assange, su nacionalización, el manejo torpe y poco diplomático de esta bomba de relojería heredada del correísmo, ha generado un mayor rechazo, difícil de invertir. Hasta Lenín Moreno puso tierra de por medio en parte de las decisiones de su canciller.

Se hace, por tanto, difícil entender por qué María Fernanda se mantuvo por más de un año en la Cancillería ecuatoriana. Ecuador necesita un verdadero canciller, alejado de los vicios que han practicado los anteriores: soberbia ideológica, defensa de intereses personales por encima de los nacionales, desconocimiento de la diplomacia, es decir, falta de sentido de Estado en una de las, posiblemente, más importantes, carteras de Estado.

La elección de José Valencia nos llena de optimismo, tendrá el importante reto de generar una verdadera agenda internacional, posicionando nuevamente a Ecuador en la región y en el contexto global. Esperamos que el nuevo canciller lidere esta cartera con la dignidad y el profesionalismo que requiere. Suerte en este difícil desafío. (O)