¿Qué hay después del acuerdo con el FMI?

- 07 de marzo de 2019 - 00:00

Es verdad que hemos tenido algunos triunfos en el esfuerzo por reducir la pobreza y la desigualdad en el país, sin embargo todavía estamos entre los peores países en el mundo.

Y a pesar de ello, hemos conseguido que el FMI nos tienda su poderosa mano, lo cual nos pone nuevamente en el ámbito de los “aceptables” económicamente hablando.

Pero vamos a tener que esforzarnos más en algunos aspectos, por lo cual nuestros gobernantes (y no solamente el actual, sino los que vengan) tendrán que definir políticas públicas en áreas claves para reformar algunos aspectos:

1. Ajustar la tasa de endeudamiento en una forma aterrizada y sostenible que permita mantener un endeudamiento de calidad y no de cantidad.
2. Crear una política económica transparente y socializada para manejar de mejor manera los posibles impactos del futuro.
3. Invertir mejor en la gente por medio de un gasto eficiente en educación.
4. Mejorar y mantener la infraestructura que ayuda a incrementar la inversión en el país.
5. Combatir la corrupción con una impecable gobernanza institucional y un óptimo clima de negocios.
6. Abrir nuevos mercados financieros y comerciales para que nos vean que estamos dando pasos firmes hacia una mayor integración global; y
7. Proteger las ganancias hechas en la inversión social.

No es muy apropiado decir que nos hemos arrodillado ante el FMI, pero su ayuda definitivamente implica un alto costo político al gobierno de Lenín Moreno, pues por muchos años acusamos a este fondo de estar detrás de salvajes ajustes y crear grandes crisis económicas. Es muy posible que realicemos alguna suerte de flexibilización laboral, privatización de rentables empresas públicas y lo que es peor, una necesaria revisión (para que no suene a privatización) de la colapsada seguridad social ecuatoriana.

Esto enmendaría en parte los errores financieros de la pasada década. Pero más ajustes serán requeridos, pues no es suficiente el recorte en la inversión pública. El Gobierno deberá reducir su gasto, y despedir gente no es la única solución. Va a tener que ser muy creativo y dejar de complacer a todo el mundo, pues ahora tiene que rendir cuentas mucho más estrictas. Se va a aplicar el dicho criollo: “Obras son amores y no buenas razones”. (O)