A la 8 lo que es de la 8

08 de abril de 2011 - 00:00

Terminado el debate sobre la constitucionalidad de la pregunta 8, nace ahora la férrea lucha por el Sí y por el No. El Sí por la libertad, el No por la libertad; el Sí por el toro el No por el toro; el Sí por los derechos de los animales, el No por los derechos culturales; etc. Un debate interesante, sin duda. Calles repletas de grafitis por la libertad, por la dignidad, por el gallo, por el 8, por la corrida, y la simplificación de una decisión que resulta más importante a niveles estructurales del Estado y de nuestra concepción de justicia.

Llevado el tema a consulta, la pregunta 8 merece cavilar como las otras nueve preguntas. No podemos definir nuestro voto en plancha a partir de una preferencia cultural o de una percepción de los derechos de la naturaleza. Pero esa parece ser la tendencia: atarnos a una ideología y estirarla al resto de las preguntas. Una irresponsabilidad y un abuso de una propuesta democrática, variada, amplia y cuya meditación debe tener la misma tendencia.

Se vuelve insostenible cualquier debate político o racional, cuando la consigna viene de una preferencia o de un desagrado. No es, como algunos medios aseguran, la “Consulta de Correa”. No es un concurso de popularidad ni una encuesta de opinión. La consulta busca definir el rumbo que deberá tomar el Estado y cómo queremos que se articule el Estado ante las relaciones de poder. Será definitoria para establecer los límites y las prerrogativas de un sistema que, evidentemente, tiene arraigado un comportamiento tradicionalmente inoperante y corrupto.

Que la posibilidad de un último “Ole” o la continuidad de aquellos desnudos cubiertos de sangre tirados en las afueras de la Plaza de Toros no sea el timón para el voto. Si se coarta la libertad y los derechos, si se generan nuevos derechos y nuevas libertades, si es una considerable fuente de empleo o si es una atroz fuente de empleo, el debate no deberá trascender las fronteras mismas de la pregunta.

No elucubremos en lo posible imposible.  Demos a cada pregunta la importancia que merece. No limitemos nuestro voto a ser taurino o antitaurino. Aquellos que defienden las libertades deberán recordar que estas deben ser exigidas en un amplio espectro, uno que no sea circunscrito por una afición. Mi ejercicio de reflexión me lleva a votar Sí por la 8. Pero un ejercicio más amplio servirá para definir mi voto por el resto de preguntas. Porque no estoy dispuesto a vender mi voto a una particularidad.