El corrector de textos

28 de octubre de 2013 - 00:00

La publicación de un documento, ya sea un libro, un periódico, una revista, etc., siempre precisa de varios actores que trabajan desde diversos ámbitos en pos de que la publicación quede perfecta y cumpla sus objetivos. Dentro de este grupo de actores están el autor, el editor, el diagramador, el diseñador y el corrector de textos. No he dejado en último lugar al corrector de textos porque sea el menos importante, sino porque es precisamente de este personaje de quien hablaré, pues hoy se celebra el Día Internacional de la Corrección de Textos.

El corrector de textos es quien se encarga de controlar la calidad lingüística de una publicación, es decir, que lo que se publique esté bien escrito, sea legible y transmita adecuadamente el mensaje a los lectores. Su labor no es solamente poner o quitar comas, cambiar una letra por otra o ubicar la tilde donde haga falta; el trabajo del corrector de textos va más allá: cuida que todo esté en su puesto, que las ideas sean claras, que la tarea de leer sea agradable y libre de todo tipo de ripios. Muchas veces nos ha pasado que leemos algo que trata un tema muy interesante pero que está lleno de errores, y eso hace que la lectura ya no sea placentera y el tema no resulte tan atractivo. Esto suele suceder porque dentro de la cadena de edición del texto no ha participado el corrector, quizá porque el editor no lo consideró importante o porque el autor quiso ahorrarse un poco de dinero.

Lamentablemente en muchas ocasiones no se aprecia a la labor del corrector, tal vez porque su principal característica es ser labor invisible, pues no se nota cuando está bien hecha. No obstante, el hecho de que su labor sea invisible no quiere decir que su figura lo sea; los correctores de textos, al igual que el resto de actores de la edición, necesitan que su labor sea reconocida. Me ha llamado mucho la atención que en el Congreso de la Lengua que se celebró en Panamá esta semana, y que tuvo como tema principal al libro, no se haya tomado en cuenta al corrector. Es una pena que ni siquiera las Academias de la Lengua estén conscientes de la importancia fundamental de los correctores en la tarea diaria de preservar la lengua, de cuidar aquello que tanto amamos, y que es parte de nuestra de identidad y de nuestra cultura.

Hoy celebramos el día del corrector de textos, ese personaje cuya existencia pocos reconoce pero que seguramente en este momento está cuidando que su próxima lectura esté libre de errores y sea placentera. Feliz día, correctores del mundo.

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