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El Telégrafo
Rosalía Arteaga Serrano

¿Qué tal si nos involucramos?

10 de marzo de 2020

Cuando en el año 2008 se aprobó la nueva Constitución en Montecristi, se puso énfasis en que se incluía a los jóvenes, se los transformaba en actores protagónicos entregándoles la capacidad de votar en los procesos electorales, desde los 16 años.

El voto a los 16 y 17 años es facultativo, no existe la obligación, como en nuestro país ocurre con los mayores de 18 años, ya que inclusive existe una penalidad para quienes de manera injustificada se inhiben de votar.

Mucho se esperó de esta capacidad nueva adquirida por los menores de edad; sin embargo, a 12 años de implementada la norma constitucional, vemos que los resultados son muy magros por la falta de involucramiento y decisión de participar en las urnas, de la mayoría de los jóvenes ecuatorianos dentro de esos rangos de edad.

Así, de cifras no oficiales, pero de fuente cierta, conocemos que existen alrededor de 800.000 jóvenes menores de edad en capacidad de votar, pero menos del 5% lo hace. Una cifra ínfima que no tiene la real incidencia que debería tener en los procesos electorales.

¿Qué significa esto? ¿Desconocimiento? ¿Apatía? ¿Falta de preparación o estímulos adecuados? Todas las respuestas podrían ser válidas, pero la realidad se mantiene inalterable.

El ausentismo de los jóvenes podría paliarse con una real política de parte de las autoridades, pero también de los grupos que trabajan en políticas juveniles, para incentivar la concurrencia a votar.

Esa decisión de votar tiene que ver con la necesidad de ser parte, de involucrarse, de sentir que tienen derechos, pero también obligaciones y que finalmente el Ecuador les importa.

Es preocupante el ausentismo, pero más importante será averiguar las reales causas por las cuales los jóvenes miran de lejos los problemas, o tal vez tienen una diferente visión sobre los mismos y sus soluciones. (O)

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