Domingo, 07 Mayo 2017 00:00 Séptimo día

La piel de los anfibios puede ayudar a combatir enfermedades

La piel de los anfibios puede ayudar a combatir enfermedades
Foto: Internet

En el Centro Jambatu de Investigación y Conservación de Anfibios, ubicado en el Valle de los Chillos, se recolectan y almacenan las pieles de ranas. Según explica el científico Luis Coloma, tendrían aplicaciones farmacológicas.

Redacción Séptimo Día

Una de las líneas de investigación que impulsa el biólogo ecuatoriano Luis Coloma, especialista en evolución, es el estudio de la piel de ranas. 

El interés surge porque estas pueden ayudar al organismo a combatir bacterias y hongos. 

En la piel de estos animales hay una serie de  componentes capaces de combatir microorganismos que causan enfermedades. Se trata así de una serie de sustancias que constituyen la primera línea de defensa de estos animales y que también podrían beneficiar a los seres humanos. 

Uno de los lugares donde se efectúa esta investigación es en el Banco de la Vida, ubicado en el Valle de los Chillos, en el Centro Jambatu de Investigación y Conservación de Anfibios, un centro dirigido por el investigador Luis Coloma.

 En este Banco de Vida funciona un liofilizador, una máquina que permite el lavado de las ranas cuando están viva y, al mismo tiempo, facilita la recolección de las moléculas presentes en la piel de estos animales. Una vez que se ha efectuado el proceso de limpieza, interviene el procedimiento de secado al vacío.

De acuerdo con Coloma, uno de los propósitos es formar en Ecuador un banco de pieles liofilizadas que tengan un potencial biomédico.  Como bien dice el investigador, estos anfibios son farmacias ambulantes y decenas de científicos han constatado este hecho a escala mundial. Por ejemplo, un equipo de  investigadores de la Queen’s University de Belfast halló proteínas en la piel de la rana mono encerada y en la del sapo vientre de fuego que son un potencial tratamiento para hasta 70 enfermedades, incluidas el cáncer, la diabetes y los infartos.

El equipo de científicos también estudió las proteínas que hay en las secreciones cutáneas de este tipo de ranas y sapos y descubrió que tienen la propiedad de estimular o inhibir el crecimiento de los vasos sanguíneos, un proceso al que se lo conoce como angiogénesis.

El diario ABC advierte en un artículo que la mayoría de los carcinomas (forma de cáncer con origen en células de tipo epitelial o glandular, de tipo maligno) solo pueden crecer hasta cierto tamaño antes de necesitar nuevos vasos sanguíneos que les surtan de oxígeno.

Sin embargo, si la proteína encontrada en la piel de esta rana consigue interrumpir el desarrollo de los vasos sanguíneos, frenaría también el crecimiento del tumor.

“No curaría el cáncer, pero lo estabilizaría permitiendo a la persona hacer una vida normal”, asegura Chris Shaw, catedrático de la Facultad de Farmacia de Queen’s y autor principal de la investigación.

Las investigaciones en Ecuador apenas empezaron

Luis Coloma es uno de los científicos que más conoce el mundo de los anfibios.

Los biólogos también han descrito que la piel de las ranas poseen péptidos y alcaloides y otras moléculas con propiedades antibióticas y antivirales.

Por esta razón, los científicos se esfuerzan por entender la biodiversidad como una fuente formidable de recursos medicinales y esto les impulsa a efectuar numerosos estudios de anfibios en el mundo.

En el caso de las ranas, sus secreciones resultan de gran interés para investigaciones neuroquímicas y farmacológicas porque contienen, entre otros, alcaloides y compuestos químicos nitrogenados ampliamente distribuidos en el reino animal y vegetal.

Incluso las especies más venenosas de la familia de los Dendrobatidae -ranas de colores brillantes de la selva ecuatoriana- son investigadas para usos médicos en el tratamiento del mal de Parkinson, la enfermedad de Alzheimer, la depresión y otras.

Según se ha documentado, uno de los anfibios argentinos que demostró resultados más sorprendentes es el Phyllomedusa sauvagii, rana de distribución chaqueña  que se extiende desde Jujuy hasta el norte de Santa Fe y Córdoba.

De su piel se aislaron los péptidos llamados dermaseptinas, que demostraron gran actividad antimicrobiana contra un importante número de bacterias.

Además, esta clase de péptidos tienen actividad antifúngica, y también antiparasitaria contra el parásito causante del Mal de Chagas.

Coloma recalca que hay varios centros de investigación en América Latina, como en Brasil y Panamá, donde ya se desarrollan estos estudios.

Carolina Proaño Bolaños, quien regresó al país después de realizar un doctorado, integra el grupo de estudios sobre este tema. Ella desarrolló una investigación científica en Queen’s University  sobre el tema y actualmente se desempeña como docente investigadora de la Universidad Regional Amazónica Ikiam.

Según el Ministerio del Ambiente, en esta universidad ecuatoriana ahora se estudian las características de las moléculas bioactivas que se encuentran en la piel de los animales.

La información científica recabada hasta ahora muestra la gran diversidad molecular contenida en la piel de la rana Cruziohyla calcarifer, en donde  hasta el momento se han identificado al menos 53 péptidos.

Los científicos ecuatorianos también han dirigido su atención hacia la rana arlequín, ya extinta en América Latina, y otras especies endémicas críticamente amenazadas.

Para repoblar la Tierra con estas especies, recolectan colonias genéticamente viables y lo hacen a partir de 200 fundadores o de una colonia de 25 machos y 25 hembras.

El principal propósito es tener suficiente número de individuos que puedan ser liberados y que, al mismo tiempo, tengan mayores opciones de subsistencia.

Un mundo de anfibios

Desde hace dos años en todo el mundo se han registrado alrededor de 1.600 moléculas antimicrobiales obtenidas de 165 especies y 25 géneros de anfibios presentes a nivel mundial.

De ellas, 165 péptidos del tipo dermaseptinas han sido aislados en especies de ranas propias de Centro y Sudamérica.

En Ecuador, según el Ministerio del Ambiente, existen aproximadamente 570 especies de anfibios, de las cuales 250 son endémicas.

Esta riqueza convierte al país en el más diverso en lo que se refiere a anfibios, por lo que es prioridad su investigación y su conservación.

En este contexto, el Ministerio del Ambiente, a través del Proyecto para la Conservación de Anfibios y Uso Sostenible de sus Recursos Genéticos, desarrolla acciones para investigar respecto a los potenciales usos y beneficios de este grupo de la biodiversidad ecuatoriana.

 De igual manera, se pretende  generar mayor conciencia pública sobre los beneficios y las amenazas que soporta este grupo animal.

Se estima que tanto los sapos como las ranas han tenido una influencia cultural ancestral, por eso mismo han sido objeto de usos mágicos y medicinales en todo el mundo.

Las creencias populares atribuyen a estos animales distintas virtudes curativas: para el dolor de muelas se aconseja frotar la panza de un sapo en la parte afectada, al igual que para eliminar granos y manchas de la piel. (I)

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