“El cabello traen un poco alto y el capotte trasquilado. los demás indios los afrentan en burlas”

Los Chonos, antiguos habitantes de la cuenca del Guayas

- 19 de abril de 2015 - 00:00

“El cabello traen un poco alto y el capotte trasquilado. los demás indios los afrentan en burlas”

En el siglo XVI, el principal grupo humano de la cuenca del Guayas era el señorío étnico de los chonos, cuyos grupos humanos estaban situados al pie de los principales ríos de la cuenca, práctica que se convertiría en un patrón de poblamiento a la llegada de los españoles: “El área geográfica de los chonos, llamados Daulis o Daules por los españoles, […] conformaba todo lo que hoy constituye los cantones, parroquias y lugares de El Balzar, Quevedo, Mocache, Palenque, Colimes, Vinces, Guare, Las Ramas, Baba, Pimocha, Babahoyo, Daule, Victoria, Chilintomo, Juján, Sambor, Lorenzo Garaicoa, Yaguachi, Chobo, Milagro, Buca, Naranjito, San Andrés, Taura, Cone, Jelí, Churute, Jesús María, El Naranjal, Balao y Tenguel, más La Soledad, Chonanas y Colimes al oeste del río Daule y norte de Guayaquil. Pero parece que también comprendía los cantones y parroquias de Olmedo, Ayacucho, Junín, Bolívar, Canuto y Chone, situados al sur de la provincia de Manabí, en los límites con la de Guayaquil”.1

Una de las principales características de los chonos era su destreza en la navegación fluvial y marítima, destacándose en la construcción de balsas, al igual que sus “vecinos” los huancavilcas.  

Es importante detenernos en las raíces étnicas de los habitantes de la cuenca del Guayas, pues constatamos la continuidad entre los diversos pueblos que habitaron la cuenca, al menos desde el Periodo de Integración. Podemos afirmar, en base a las evidencias arqueológicas e históricas, que los habitantes de la cultura Milagro-Quevedo fueron los mismos chonos, así identificados por los cronistas españoles de los siglos XVI y XVII.

A partir de un relato de Girolamo Benzoni, podemos identificar el núcleo del territorio chono, según estos términos: “Los pueblos de esta provincia sirven a los Españoles que residen en la ciudad de Guayaquil, la cual al tiempo que los españoles la edificaron estuvo situada en una llanura y sobre las orillas del río Chiono, unas cuarenta millas lejos del mar. Hay por esos alrededores algunos maravillosos a la par que espantosos llanos que son como una inmensa campiña llena de agua y espesísimos bosques con una cantidad increíbles de cocodrilos”.2

El río Chiono o Chono era el nombre que tenía el río de Yaguachi, por lo cual, si seguimos al arqueólogo Ángel Véliz Mendoza, el asentamiento al que se refiere Benzoni, en la llanura, junto al río de Guayaquil, fue en territorio chono, el cual había sido dominado por el cacique Guayaquile, uno de los principales señores étnicos del actual Litoral ecuatoriano, al momento de la invasión española.       

Otros cronistas ratifican la presencia del pueblo chono en la cuenca baja del río Guayas. El autor que proporciona información más detallada sobre los chonos es Fray Reginaldo de Lizárraga (1604): “Viven en esta ciudad (Guayaquil) y su distrito dos naciones de indios llamados Guancavilcas, gente bien dispuesta y blanca, limpios en sus vestidos y de buen parecer. Los otros se llaman Chonos, morenos, no tan políticos como los Guancavilcas. Los unos y los otros es gente guerrera; sus armas arco y flecha. Tienen los Chonos mala fama en el vicio nefando. El cabello traen un poco alto y el capotte trasquilado, con lo cual los demás indios los afrentan en burlas y en veras, llámanlos perros Chonos, cocottados como luego diremos”.4

De igual forma, aparecen fragmentos dispersos que identifican a los chonos como actores colectivos desde el periodo incaico, como la crónica de Cabello Valboa: “De donde quiera que el tal viaje hizo Topa Ynga y su flota dicen haber venido pujante y vencedor, y como tal volvió a proseguir su camino para su deseada tierra, y con el progreso de él hicieron los Cuzcos muchas, y muy notables correrías, sugetaron los Guancavilcas, y Chonos, y pasaron a Tumbez”.5

También es relevante la crónica de Pedro Cieza de León (1553), por su alusión a los entierros llamados “tolas”, aunque ubica equivocadamente a los chonos como parte del señorío huancavilca: “Cuando los señores morían, hacían una sepultura redonda con su bóveda, la puerta adonde sale el sol, y en ella le metían acompañado de mujeres vivas, y sus armas, y otras cosas”.6 Y sigue Cieza describiendo su entorno, como telón de fondo de su experiencia social: “Todos están poblados en tierras fértiles de mantenimiento y todas las frutas que he contado haber en otras partes, tienen ellos abundantemente. Y en las concavidades de los árboles se cría mucha miel singular. Hay en los términos de esta ciudad grandes campos rasos de campaña, y algunas montañas, florestas, y espesuras de grandes arboledas. De las sierras bajan ríos de agua muy buena”.7 (O)

1. Waldemar Espinoza Soriano, Etnohistoria ecuatoriana. Estudios y documentos, Quito, Abya-Yala, 1999, p. 120.
2. Girolamo Benzoni, La historia del Mundo Nuevo, Guayaquil, Museo Antropológico del Banco Central del Ecuador, 2000 (1572), p. 113.
3. Ángel Véliz Mendoza, El Cacique Guayaquile, Quito, Fundación Ecuatoriana de Estudios Sociales, 1990, pp. 27-37.
4. Fray Reginaldo de Lizárraga, Descripción y población de las Indias, en Revista del Instituto Histórico del Perú, Lima, Imprenta Americana, 1908, pp. 10-11.
5. Miguel Cabello Valboa, Miscelánea Antártica. Una historia del Perú antiguo, Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1911 (1576-1586), p. 124.
6. Pedro Cieza de León, Crónica del Perú, Primera Parte, Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú/Academia Nacional de la Historia, 1984 (1553), p. 178.
7.  Ibídem, p. 178.

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