El voto popular en EE.UU. no cuenta y pasa factura al sistema
El modelo democrático de EE.UU. es una tradición y, producto de ella, Donald Trump fue elegido presidente de su país, aunque su contrincante le supere con 1,5 millones de votos. La autodeterminación de los pueblos se entiende así: cada uno es como quiere socialmente ser y cada uno actúa de acuerdo a su modo político de vivir. Por eso no es posible pretender imponer -en ningún lugar del mundo- una sola visión de democracia.
En Ecuador, un presidente elegido por menos de un millón de votos de su contrincante se consideraría un fraude flagrante. Sin embargo, nadie cuestiona esa realidad en la mayor potencia y hegemonía política. Así está diseñado el sistema. Pero más allá de aquella observación, en la práctica hay un hecho político incuestionable: la gente no se pronunció en su mayoría por el candidato ahora elegido como primer mandatario.
Y algo más: esa suma de votos sí hace una diferencia, como ya ocurrió con el triunfo de George W. Bush frente a Al Gore. Siendo así el panorama, el futuro no garantiza estabilidad ni legitimidad política. (O)
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