Jueves, 15 Septiembre 2016 00:00 Economía

Entrevista / fausto herrera / ministro de finanzas

Herrera: Es hora de la inversión privada

Herrera: Es hora de la inversión privada
Foto: John Guevara / El Telégrafo

Guillermo Lasso habría solicitado una reunión con el FMI, comentó el titular de la cartera del Ejecutivo. Durante el primer trimestre se generó una demora en los pagos a los acreedores y proveedores del Estado, como consecuencia del envío de más de $ 1.000 millones a las empresas transnacionales Oxy y Chevron. Al momento, todos los pagos están efectuándose con normalidad.

Orlando Pérez, Director de El Telégrafo

A propósito de la publicación de un informe elaborado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), utilizado para el análisis de la concesión de un crédito emergente por $ 364 millones a Ecuador, Fausto Herrera, ministro de Finanzas, explicó la situación económica del país y algunos aspectos de las acciones tomadas para enfrentar la recesión.  

¿Cómo afrontar la manipulación y desinformación de la realidad económica del país?

Como Frente Económico tenemos que cuidar mucho lo que decimos porque cualquier declaración puede malinterpretarse. Estamos en un ambiente bastante convulsionado. Lamentablemente, los analistas económicos no suelen ser objetivos porque son sesgados y no consideran todos los elementos contextuales.

Por ejemplo, con una pérdida de $ 9.000 millones por ingresos de exportación que no entraron al país, cualquier economista puede prever que existirán problemas de crecimiento y desempleo, especialmente cuando el país no cuenta con un importante instrumento de acción: la política de tipo de cambio.

Sin esta, ante la apreciación del dólar y la caída del precio del petróleo, no podemos reaccionar. Sin embargo, algo tiene que ajustarse en la economía. En un ambiente político influido por las próximas elecciones, los críticos buscan encontrar dónde está la debilidad del gobierno.

El año pasado muchos analistas sostenían que el gobierno enfrentaría serios problemas y que no íbamos a salir adelante más allá de diciembre de 2015. Pero, afrontamos bastante bien los problemas económicos y, en ese contexto, lo más importante fue lo que no pasó.

Tuvimos un programa de ajuste y se cumplieron sus objetivos. Logramos controlar la debilidad de la economía ecuatoriana, a saber, la brecha externa. Alcanzamos un superávit comercial, ajustamos las cuentas fiscales, estamos cambiando la fase del ciclo económico y esperamos tener crecimiento en el último trimestre.

¿A qué se refiere con aquello que no sucedió?

Lo que esperaban los opositores y los analistas económicos financiados por las cámaras y la banca. Ellos pensaban que no lograríamos obtener un centavo más de recursos externos. Sin embargo, el sistema financiero internacional conoce cómo manejamos la economía y cómo hicimos un ajuste equivalente a casi el 2% del PIB, el más importante en América Latina.

Tomamos las medidas que debíamos tomar. Si hubiéramos efectuado un ajuste fiscal más fuerte -como quería la oposición- la recesión y el desempleo habrían sido mucho más graves. Y eso era lo que el FMI nos pedía. Nosotros le dijimos que no debido a que nuestro principal objetivo es mantener el poder adquisitivo del pueblo ecuatoriano. Por ello efectuamos un ajuste paulatino y que no afectara a los más pobres.

Entonces, ¿sí se redujo el gasto fiscal?

Sí lo hicimos. Teníamos un fuerte gasto de inversión porque hicimos lo que no se hizo en los últimos 40 años en este país. Gracias a ello, ahora tenemos carreteras, hidroeléctricas y talento humano.

Para 2016 se presupuestaron $ 8.000 millones de inversión entre transferencias y formación bruta de capital fijo. Creemos que podemos llegar a ese nivel. Sin embargo, en este momento, la prioridad es completar las obras que el Gobierno comenzó.

Si no hubiera existido apreciación del dólar y caída de los precios del petróleo, ¿cuál hubiese sido el monto de la inversión pública?

Podría haberse ubicado entre el 10% y el 12% del PIB. Sabíamos que la caída de los precios del crudo sucedería y planificamos para esa eventualidad. Siempre nuestra decisión fue alcanzar una gran inversión pública durante algunos años para que luego el sector privado tome la posta porque la inversión pública no es sostenible en el tiempo. Lamentablemente, a fines de 2014, se adelantó la caída del precio y, además, nos cayeron otros shocks externos. Pero no podíamos dejar obras inconclusas.   

¿Todavía existen proveedores impagos protestando fuera del Ministerio de Finanzas? ¿Qué pasó con las denuncias sobre estafa a esos proveedores?

El primer semestre de 2016 tuvimos que pagar unos $ 1.000 millones imprevistos y tuvimos precios del petróleo muy bajos. Esto generó atrasos en los pagos. Sin embargo, al momento, ya no hay colas en el Ministerio de Finanzas y los proveedores tienen un mínimo de atraso.

Por otra parte, en el primer trimestre de 2016 recibí denuncias de proveedores quejándose de que les estaban pidiendo dinero. Primero pensé que el hecho tenía que ver con algo que sucedía al interior del Ministerio. Sin embargo, después de hacer una investigación, aunque no podemos asegurar que no exista nadie dentro del Ministerio involucrado, detectamos que se trataba de una banda de estafadores externos. En abril, ante la Fiscalía, yo presenté una denuncia que se encuentra todavía en proceso. Parece ser que, aprovechando los atrasos en pagos, esa banda trataba de engañar a acreedores y proveedores del Estado.

En su momento, a nuestros proveedores les explicamos que los pagos no se efectúan según cada proveedor individual sino priorizando la cancelación de los compromisos más viejos para luego continuar con los más nuevos. Esa es nuestra política. Obviamente, para evitar desabastecimiento en ciertos casos -como sucede con medicamentos- no se sigue esa lógica de pagos.

¿Han sido acatadas las recomendaciones del FMI?

En 2013, después de mantener una relación muy tensa con el FMI durante siete años, optamos por entregar completamente las cifras macroeconómicas y las estadísticas públicas. Todas las cifras de crecimiento y deuda están auditadas por el FMI. Si bien tenemos deberes y derechos como miembros de aquella institución, la membresía no implica acatar las políticas de un funcionario del FMI que no conoce la realidad del país y  que solo quiere cuadrar un numerito en el cuadro Excel.

El Gobierno de la República del Ecuador toma las decisiones en política económica. Y en esto existe una gran diferencia con respecto al pasado. Al gobierno de Lucio Gutiérrez, el FMI le hizo el ‘programa económico’. Yo estuve ahí y fui funcionario del Ministerio de Finanzas. Esa es la historia.

Por otra parte, ayer me informaron que, incluso antes de ser precandidato y presidente electo, Guillermo Lasso pidió una reunión con el FMI. Qué raro. Entonces ya podemos imaginarnos hacia dónde podría orientarse el próximo gobierno, si ese candidato gana las elecciones, obviamente.

El informe del FMI reconoce que Ecuador tiene un bajo nivel de endeudamiento y que la deuda pública bruta no superará el 40% del PIB hasta 2021. ¿Se logrará que así sea considerando todas las necesidades de financiamiento del desarrollo que tiene el país?

En países como Ecuador, donde todavía no hemos completado la provisión de servicios básicos para la población, el financiamiento es el principal cuello para alcanzar fases superiores de desarrollo. Si bien no podemos llegar a niveles de endeudamiento que debiliten las finanzas públicas, hemos trabajado para reducir la brecha de financiamiento lo más pronto posible. Nosotros no le hemos dejado al próximo gobierno sin recursos para el pago de esa deuda.

Hemos construido importantes inversiones que le permitirán tener flujo anual de recursos para honrar esos créditos. El próximo gobierno tiene que mejorar los plazos y el costo del endeudamiento. En los últimos tres años, hemos trabajado en función de esa posibilidad.

A futuro, si un gobierno dice que no se endeudará más esa afirmación será una manifestación de populismo. En los próximos años, en un país dolarizado, lo que se debe hacer es mantener un déficit controlado para que los dólares que entren compensen a los que salen.    

A partir de las cifras del FMI se puede estimar que las ventas anticipadas de crudo equivalen al 2% del PIB en 2016, es decir, a unos $ 1.960 millones. ¿Es así?

Según los últimos datos, las ventas anticipadas de petróleo ascienden a unos $ 800 millones y, en mayo de 2017, llegarán a $ 500 millones. Gracias a un contrato celebrado con Tailandia, este monto estará sujeto a un roll over hasta 2019. Es decir, el próximo gobierno no tendrá ese desfinanciamiento sino hasta esa fecha.

Si la inversión privada será mayor que la inversión pública en los próximos 5 años, ¿implica esto un tránsito hacia una modalidad de crecimiento que no estará basada en la inversión pública como ha sucedido en los últimos años?

Así se lo planificó. Sabíamos que, para facilitar el desarrollo, teníamos que utilizar a la inversión pública para generar un ‘gran empuje’. Sin embargo, aquello no significa que la inversión pública pueda mantenerse todo el tiempo porque eso implicaría también mayor endeudamiento público.

Teníamos que tratar de hacer una transición para que la inversión privada comience a generar el nuevo empuje para seguir creciendo, pero con mejores condiciones de partida. Durante todo este año el gobierno ha trabajado para que la inversión privada comience a llegar. Ahora es el momento para que la inversión privada crezca más que la inversión pública y sea el motor de la economía ecuatoriana.

En los próximos años, el FMI espera que la inflación y el desempleo permanezcan en niveles bajos. ¿Será posible?

En este semestre, cuando cambie la tendencia económica, el desempleo caerá y, si logramos una fuerte inversión privada, bajará aún más. Conviene recordar que, a pesar de la recesión, tenemos una de las tasas de desempleo más bajas de América Latina. Por otra parte, para fines de 2016 se prevé que la inflación llegue a 1,5%.

Si el volumen de importación está asociado al nivel de actividad económica doméstica, ¿se podría superar la recesión favoreciendo las importaciones?  

Después de escuchar a muchos analistas económicos, presidentes de cámaras y candidatos a la presidencia de la República, me parece que hay que decirle muy claro al pueblo ecuatoriano lo siguiente: si aquellos actores hacen lo que ofrecen, mejor que nos agarren confesados. Necesitamos exportar más al mundo pero, en un país dolarizado, una apertura indiscriminada es la receta del fin. Así de simple.        

Con los shocks externos que nos afectaron durante los últimos dos años, la dolarización no habría sobrevivido si hubiésemos tenido tratados de libre comercio. Colombia experimentó shocks externos similares al nuestro porque su economía se volvió petrolera en los últimos años. ¿Qué hicieron? Devaluaron. Nosotros no teníamos esa posibilidad. Con tratados de libre comercio, los productos extranjeros nos hubiesen invadido.

Para una economía dolarizada, decidimos negociar un acuerdo comercial que proteja a nuestros productores, que nos permita cierto control del ritmo de salida de dólares y que estimule las exportaciones.

Si hacemos indiscriminadamente tratados de libre comercio, los exportadores podrían ganar, pero la mayoría de los ecuatorianos estaremos en una situación muy complicada. Entonces, aclaremos bien esto: los tratados de comercio son importantes para el país porque necesitamos traer dólares, pero un tratado de libre comercio como quiere la derecha puede ser el ‘acabose’ de la dolarización.

En el actual contexto electoral, se habla de desmantelar el modelo económico vigente. ¿Cuáles son las fortalezas de ese modelo?

En primer lugar, la inversión pública crea una competitividad sistémica y no una competitividad a corto plazo como aquella basada en la devaluación monetaria. En nuestro país, la disponibilidad de luz barata o buenas carreteras les permitirá a los agentes económicos producir con menores costos a largo plazo.

En segundo lugar, en un proceso de desarrollo, la exclusión de la población más pobre de los beneficios del crecimiento genera un desarrollo incompleto. A cualquier país, ¿le serviría tener altas tasas de crecimiento si mantiene a un 50% de su población en condición de mayor pobreza? Posiblemente, en esa situación, los ricos seguirán siendo más ricos, pero ese país no logrará jamás ser una nación desarrollada.

A futuro, ¿se podrá sostener esa visión del desarrollo cuando existen candidatos que incluso hablan de suprimir Senescyt?

Sí porque las bases del modelo están intactas. Las carreteras no pueden desaparecer. Tampoco la inversión efectuada en talento humano. Si existe alguna cosa por la cual el pueblo tiene que luchar es por tener universidades de excelencia.

En ese proceso de desarrollo, ¿cuál sería el papel de la economía popular y solidaria (EPS)?

En un primer momento se requieren políticas públicas para incluir a los agentes económicos de la EPS que han sido excluidos de los procesos económicos. Así lo hemos hecho de manera enfática. Sin embargo, después de esa etapa inicial de inclusión, el punto clave es su transformación. Para ser sostenible en el tiempo, la EPS tiene que cambiar, formalizarse, operar como cualquier otra modalidad de economía y participar en un capitalismo moderno. (I)

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