Lunes, 19 Junio 2017 00:00 Cultura

Santiago Reyes conduce su cuerpo hacia el sur

El artista reside en París hace 22 años y será parte de la próxima muestra "La intimidad es política".
El artista reside en París hace 22 años y será parte de la próxima muestra "La intimidad es política". Foto: Álvaro Pérez / El Telégrafo

El artista ecuatoriano radicado en París presenta el proyecto Dancing Southward. Interpela los espacios con el baile.

Redacción Cultura

Los bailarines de Raffaella Carrà agitan las cabezas y las caderas con furia, con la misma fuerza de las letras que interpretan corporalmente y que incitan a vivir un amor rabioso. En una de las más emblemáticas canciones de Carrà, ‘Hay que venir al sur’, ella -vestida con un ajustado traje rojo de una pieza- dice a manera de himno: “Para hacer bien el amor hay que venir al sur / para hacer bien el amor e ir donde estás tú /¡sin amantes! ¿quién se puede consolar? / ¡sin amantes! esta vida es infernal”.

El artista ecuatoriano radicado en París hace 22 años, Santiago Reyes (1971), se siente como uno de los bailarines de Carrà en su más reciente proyecto, Dancing Southward. En este, Reyes utiliza una brújula que lo orienta al sur  y empieza a bailar en el espacio público hacia esa dirección, mientras escucha una playlist personal con canciones como ‘Vogue’, ‘I kissed a girl’, ‘Run the worl’ y ‘Fancy’.

“Soy el bailarín de la comparsa de este espectáculo que es el mundo, así me veo. Bailo con todo lo que está alrededor mío y eso me hizo pensar en los bailarines de Raffaella. Ellos bailan mucho en desplazamiento, caminan y se mueven por todos los lugares. Y yo soy como este bailarín que se creyó lo que ella cantaba, solo que me salí de la comparsa y me fui bailando más hacia el sur”, dice Santiago, quien presenta los resultados de este proyecto en No Lugar, hasta el próximo 26 de junio.  

Dancing Southward inició en Hanói, Vietnam, y este año se realizó en Quito. Para la performance, el artista utiliza una camiseta blanca sobre la que escribe frases vinculadas  con su ejercicio corporal, como “Prometo mi ritmo hacia el sur”,   “Nadie me quita lo bailado” o “Recomienzo en mi punto final”. Reyes baila en relación con las arquitecturas por donde atraviesa: salta huecos, pasa por estrechos pasajes y cruza puentes. Solo cuando ha empezado a sudar y la tinta de las letras de su camiseta se ha corrido, él se detiene. Su cuerpo se transforma en un cadáver exquisito.

En la exposición que se la puede visitar bajo previa cita, se muestran todas las camisetas que Reyes ha usado, más dos videos que recogen sus desplazamientos en Hanói y Quito. En la capital bailó durante seis días y su recorrido partió desde la galería, en el Centro Histórico.

“El norte representa el progreso, el dinero, es muy normado. Es el lugar donde la sociedad te exige ir: hacia un norte definido, a un punto en concreto. Pero el sur siento que es diferente; ahí la gente se cuestiona más, está a favor de un cambio. Si te das cuentas, siempre hay más grafitis en el sur, tienen una simbología ideológica con sus valores claros”, comenta Reyes horas antes de tomar un vuelo que lo lleve a Francia, donde tiene su taller.

En este gesto corporal de ir habitando espacios con una fuerte carga política, también se despliega una reflexión sobre el significado de moverse en la ciudad que Reyes la define así: “La mejor manera de pensar es caminar y algo parecido me ocurre con el baile. Cuando bailo voy sacando pasajes de mi vida; es una especie de memoria corporal que se va activando. Hay una cuestión catártica”.

Reyes participará en julio en la muestra La intimidad es política, del Centro Cultural Metropolitano, Piensa mostrar una obra que fue censurada en el espacio público en 2007, en la Bienal de Cuenca. Se trata de una imagen en la que él aparece en una cama vistiendo la camiseta del equipo ecuatoriano de fútbol, junto con otro hombre con el pecho descubierto. Nada más. (I)

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