Lunes, 17 Julio 2017 00:00 Cultura

El grafitero Zarumeño inauguró el 12 de julio la muestra Huellas en +arte, al norte de la ciudad

HTM: "El arte no está hecho para complacer, sino para tensionar"

Zaruma fue la primera capital de la provincia de El Oro debido al recurso natural que le da nombre. En sus minas hallaron petroglifos que datan del año 300 a.n.e.
Zaruma fue la primera capital de la provincia de El Oro debido al recurso natural que le da nombre. En sus minas hallaron petroglifos que datan del año 300 a.n.e. Foto: Marco Salgado / EL TELÉGRAFO

La impronta de la pintura en espray (en barrios como Santa Clara, buses y en una galería) habla de la relación entre petroglifos y grafitis con la firma de Ache.

Redacción Cultura

Juan Pablo ‘Ache’ Vallejo (HTM) es un grafitero cuyas creaciones tienen un propósito que atraviesa milenios. Pone en diálogo al grafiti con los petroglifos, se trata del empleo de una técnica urbana, actual en Quito, la ciudad que lo acoge para rescatar lo ancestral del lugar donde nació, Zaruma, en El Oro.

“Pretendo generar una discusión entre el uso del espacio público y la pulsión primaria que tenemos los humanos de trascender a través de la impronta, la marca o la huella”, explica Ache en la +Arte Galería, que acoge la muestra Huellas que estará abierta hasta el 25 de julio.

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Los petroglifos son figuras hechas por incisión en rocas, una técnica prehistórica que Ache ha empleado en algunos lugares de la ciudad y cuya demostración puede verse en uno de los lugares de la galería. Los espectadores de su obra rompen paradigmas sobre el uso de la calle como espacio de expresión al que dejan de atribuirle la territorialidad de bandas y el cual empiezan a transitar e intervenir.

La propaganda política, la publicidad comercial ha invadido objetos, como rocas, recuerda Vallejo e interpreta aquello como una ‘transgresión’ con fines privados. “Jamil Mahuad, por ejemplo, usó una especie de cruces zebra para poner su nombre en la campaña para la alcaldía, en los 90”, cuenta Ache, “entonces no había una normatividad como la actual, que regulara estas cosas”.

En el Centro Histórico, el artista halló restos de propaganda que tienen unos 20 años de haber sido colocada, junto a murales de bebidas gaseosas. Pero el afán del grafitero es que las transgresiones hablen de los individuos más que de las marcas.

“Hay una ordenanza (282) del Municipio que estimuló la proliferación del grafiti ilegal en la capital”, explica Juan Pablo ‘Ache’ Vallejo. Foto: Marco Salgado / EL TELÉGRAFO

De la pulsión a la creatividad

Mientras era alcalde de Quito, Augusto Barrera designó espacios para contratar a grafiteros que intervinieran la ciudad con fines más o menos estéticos. Para Ache Vallejo, esa forma de intervenir en el espacio público es también una forma de ‘domesticación’. Lo que intentan las instituciones es apaciguar a quienes no pueden controlar, dice, frente a su obra en una galería en una muestra cuya curadora fue Anamaría Garzón.

“Está bien que haya estímulos del Estado para artistas, pero frenar la creatividad es algo distinto”, concluye antes de sugerir que se cambie la Ordenanza 282, de la Alcaldía, en la que se establece que los dueños de casa no usen la fachada sin antes pedir una autorización que incluye presentar la copia de cédula del dueño del predio donde está la construcción. Un trámite que se les dificulta a los grafiteros.

“En los dos últimos años, el grafiti llamado ‘vandálico’ (que se hace sin autorización de los dueños de una casa o muro, por caso) ha tenido un incremento considerable debido a esta normativa. Toda la ciudad está pintada, no a través de concesiones con el público sino de otras intervenciones a causa de la prohibición”, reflexiona Ache.

“El arte no está hecho para complacer, sino para tensionar”, dice cuando escucha hablar de la sorpresa o enojo que provoca en propietarios privados el ver grafitis en sus barrios.

Una de las obras expuestas muestra una especie de palimpsesto en que las ‘correcciones’ sobre el grafiti no han impedido que nuevas intervenciones dejen huellas sobre una pared. Algunos artistas emplean ácido en soportes como el interior de las ventanas del Metrobús dejando marcas muy difíciles de sacar, huellas que perduran de forma transgresiva, como los petroglifos de hace 2.300 años. (I)

En la antigüedad, los ríos y mesetas eran referencias como las calles actuales. La conexión de Ache con esta evidencia une también a los petroglifos con el grafiti. Foto: Marco Salgado / EL TELÉGRAFO

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