Conflictos de liderazgo

- 12 de agosto de 2017 - 00:00

Las diferencias con la gestión anterior establecidas por el Presidente, y las críticas del expresidente a la gestión actual, provocan un conflicto de liderazgos que, de no controlarse, podría tener graves consecuencias.  Pero lo importante es superar lo coyuntural y enfrentar lo estructural.

La gestión anterior reconoció que quedó pendiente la necesidad humana objetiva de la alimentación, en cuanto a la producción agrícola, seguridad y soberanía; “cero desnutrición” aún no se logra.  Otra es la vida familiar, la sexualidad y vida reproductiva sanas; ‘Casa para todos’ es una gran propuesta, pero falta trabajar sobre el embarazo adolescente y la suspensión de embarazos no deseados.  Otra es el trabajo; aún no se logra el aseguramiento total a la seguridad social; la “Pensión universal para los adultos mayores” es en ese contexto una valiosa propuesta. La necesidad educativa se atendió en su infraestructura, pero falta la de identidades culturales.  El Estado debe garantizar estas y otras necesidades, como los servicios públicos universales y gratuitos, tal el caso de la salud.

Hubo un gran respaldo de inversión material para salud, pero solo para la infraestructura de la enfermedad. La vida individual y colectiva es sana, hay que cuidarla.  Ese enfoque es la promoción de la salud (en el contexto de la atención primaria). El sistema de la enfermedad, indispensable y de calidad, es también muy productivo económicamente para las empresas de medicamentos, de equipos y otras mercancías. En las sociedades de consumo, el Estado es el único que puede controlar los excesos y abusos del mercado, de otro modo la actividad privada se preocupará solo de las ganancias y no de las necesidades humanas. El principio es que el ser humano está primero y luego el capital, no al revés.

Es menester minimizar las críticas, reconociendo la obra cumplida, por un lado, y las nuevas propuestas por el otro.  Muchos ecuatorianos están orgullosos de lo hecho, aunque se pueda mejorar. Hubiera sido conveniente y prudente esperar los primeros 100 días para las críticas a la nueva gestión. Es una pena que se haya dado este conflicto de liderazgos, pues se había trabajado mucho por la soberanía, la justicia redistributiva y otros principios, que el nuevo Presidente asegura también defender.

Hay mucho por trabajar, y lo que se espera, con impaciencia, es que, con una dosis de buena voluntad y valiente autocrítica, se hagan los mayores esfuerzos para calmar las turbulentas aguas y retomar la histórica responsabilidad del proceso revolucionario de la Patria Altiva y Soberana. (O)