Lunes, 26 Septiembre 2016 00:00 De7en7

Buen Sentir

El efecto postre tiene un impacto en nuestro peso

Los latinoamericanos están acostumbrados a finalizar una comida con un postre. Se considera que complementa el plato fuerte.
Los latinoamericanos están acostumbrados a finalizar una comida con un postre. Se considera que complementa el plato fuerte.

Si se quiere comer algo dulce después de la comida, pero que al mismo tiempo no engorde, se puede optar por frutas.

Redacción de7en7

Siempre hay espacio para el postre, eso es un hecho. Incluso cuando la comida es contundente y el estómago parece a punto de reventar, son pocos los que se resisten a disfrutar del dulce, en cualquiera de sus presentaciones.

Un artículo publicado en la revista de la Asociación Médica Noruega, el azúcar en los alimentos dulces estimula un reflejo que expande el estómago. “Si usted come un postre después de que en realidad se está sintiendo lleno, está engañando a la sensación normal de estar lleno”, advierte la investigación. “Cada vez surgen nuevos indicios de que la glucosa (el azúcar) estimula el reflejo de relajación”.

De esta manera se reduce la presión sobre el estómago y, al mismo tiempo, la sensación de estar lleno. Un postre permite que el estómago dé cabida a más alimentos. Según el libro Paladear con el cerebro, la razón hay que buscarla en la corteza órbito-frontal, situada encima de las órbitas oculares y que cobija a las neuronas encargadas de la información sensorial.

Después de una comida copiosa, un grupo de neuronas disminuyen su actividad y el organismo recibe el mensaje de que es suficiente, pero “si de repente se introduce por ejemplo, el postre, esas neuronas retoman su actividad y le dicen a otras zonas del cerebro que tienen un hueco pese a la saciedad. Algo parecido puede ocurrir con las células neuronales relacionadas con el olfato cuando reciben un estímulo (olor) constante de un alimento, de modo que dejan de “funcionar” y se produce una sensación pasajera de saciedad.

Según la nutricionista ecuatoriana Francisca Cifuentes, especializada en Nutrición y Dietética en la Universidad de León, en España, este gusto por comer el postre está relacionado con una adicción al dulce.

“Hay personas que tienen mucha ansiedad por saborear el postre, aun cuando se sienten completamente saciadas. Hay otras que no comen todo el plato fuerte para dejar espacio al postre. De alguna manera, creen que solo con comer el dulce completaron su alimentación. Definitivamente, el azúcar nos vuelve adictos”.

Cifuentes precisa, además, que durante el ciclo menstrual hay mujeres que tienen mayor deseo de comer azúcar, entonces, el postre es imprescindible.

Sobre el tema, hay diferentes estudios que sostienen que, en general, los latinoamericanos están acostumbrados culturalmente a finalizar una comida con un postre. Mónica Katz, especialista en nutrición, manifiesta: “Desde que somos apenas unos niños, ya nos acostumbran a que el último componente del menú habitual, es un alimento dulce”.

Con regularidad, las personas asocian ese alimento dulce con el placer global percibido, que en realidad fue generado por todo el menú consumido durante la comida. Para comer algo dulce, pero que al mismo tiempo no engorde, se podría optar por las frutas.

Según la publicación Journal of Clinical Investigation, las emociones son el factor principal que influye en el apetito y, por ende, en la necesidad de consumir un postre. Esto se debe a que las hormonas del estómago se comunican directamente con el cerebro, lo que genera una sensación placentera y reconfortante a sentimientos como el estrés o angustia tras comer un alimento dulce.

No siempre es malo comer un postre, incluso puede ayudarle a bajar de peso. Un estudio de la   Universidad de Tel Aviv,  en Israel, señala  que comer postre en el desayuno, por ejemplo galletas o pasteles, puede ayudar a las personas que se encuentran a dieta a perder más peso. Esto se debe a que les genera satisfacción y reduce el hambre que podrían experimentar durante el transcurso del día.

Los nutricionistas hablan hoy en día del efecto postre que no es más que el resultado de un aprendizaje asociativo que lleva a las personas a creer, de manera inconsciente, que si no se ingiere algo dulce la comida no ha concluido.

Muchas veces, las personas comen  el postre sin tener hambre real, es decir, nuestras necesidades fisiológicas de nutrientes están satisfechas pero nuestros deseos por lo dulce debido al efecto postre nos llevan a comer algo más.

 Entonces, el efecto postre puede llevarnos a comer sin hambre y así, sumar calorías innecesarias, por eso es importante superar esta costumbre de ingerir un dulce después de la comida fuerte.

Para controlar este deseo, hay nutricionistas que aconsejan esperar  al menos una hora, para consumir algo dulce. Además, podemos comer algo dulce primero y después el plato salado, para invertir la secuencia que aprendimos. También es posible prescindir del postre y comerlo en otro momento del día, o bien, ingerir menos alimentos para consumir con hambre real el plato final de la cena. De esta forma, el comer sin hambre no sumará calorías.

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