El alejamiento de las zonas urbanas ayudará a la investigación

En lo alto de la selva se analiza la contaminación

- 01 de septiembre de 2015 - 00:00
La estructura pesa 142 toneladas y está sostenida por largos cables de acero que le dan estabilidad. AFP

El alejamiento de las zonas urbanas ayudará a la investigación

Entre el espesor de la selva amazónica brasileña emerge una imponente estructura metálica blanca y naranja. Es una torre de 325 metros, uno más que la torre Eiffel, y será el mayor laboratorio del mundo para estudiar cambios climáticos y gases de efecto invernadero.

El Observatorio de Torre Alta de la Amazonía (ATTO por sus siglas en inglés) está en el medio de la reserva ecológica de Uatumá, a unos 350 km de Manaos (norte). Para llegar hasta allí hay que recorrer durante horas carreteras de tierra y navegar un río. En la zona no hay cobertura para celulares ni internet, solo un horizonte verde de selva sin fin.

En el silencio de este lugar recóndito, alejado de la civilización, se mezcla el sonido estridente y monótono de las cigarras con el cantar de numerosas aves y el zumbido del resto de los insectos dueños de esas tierras.

“El hecho de estar distante de las ciudades y, por lo tanto, de la influencia humana garantiza la recolección de datos relativamente no adulterados”, explicó Meinrat Andrae, director del instituto alemán Max Planck, que impulsa el proyecto junto al Instituto de Investigaciones de la Amazonía de Brasil (INPA) y otros entes especializados.

Con 3.000 km de este a oeste, la selva amazónica es el mayor bosque tropical homogéneo del mundo. Debido a su extensión, los procesos climáticos y atmosféricos que allí ocurren pueden influir en otras regiones del planeta.

“Con esta torre vamos a entender mejor cuál es el papel de la Amazonía en estas regiones de selva, su efecto en el clima local, pero también en el global”, dijo a la AFP el profesor Antonio Ocimar Manzi, coordinador del proyecto del lado brasileño, desde lo alto de la torre.

Largo plazo

Nadie se salva del calor, evidente en las frentes y camisetas sudadas de todos en el campamento. Y para disfrutar de una brisa refrescante, solo basta subir a la torre... no apta para personas con vértigo.

Un arnés es obligatorio. Son más de 1.000 escalones hasta el tope. En el recorrido para la prensa, el límite permitido fue de 150 metros, que ya da para sentir que uno realmente está en el medio de la nada.

Este observatorio climático, el más elevado del mundo, fue inaugurado la semana anterior, pero aún no está operativo. Hasta ahora se han realizado algunas pruebas piloto, pero en lo que resta del año se irán instalando los instrumentos para iniciar un largo camino de estudios planteados para 3 décadas.

¿Cómo funciona la torre? ¿Por qué tan alta?

Los bosques tropicales contribuyen al control climático por su potencial de ganar o perder cantidades de carbono. Pero con el aumento de 1,5 veces en la emisión de gases ocurrido durante la segunda mitad del siglo XX, los científicos se preguntan qué está haciendo la selva con ese exceso de CO2.

La torre podrá medir la interacción entre la jungla y la atmósfera en una enorme área atmosférica de 1.000 km², jamás alcanzada antes. Uatumá ya tiene dos torres menores, de 50 y 80 metros de alto, que solo permiten medir un área mucho menor. Ahora, las tres torres trabajarán juntas.

“Un estudio a largo plazo, de dos o tres décadas, determinará cuáles serán los efectos que los cambios climáticos van a tener sobre esos ecosistemas aquí”, explicó Manzi.

Durante un café

La idea surgió durante un café... ¿o fue un té? Jurgen Kesselmeier, coordinador alemán del proyecto, no está seguro, pero sí recuerda aquella conversación. “Estábamos debatiendo en nuestro instituto [el Max Planck] y Andrae dijo que sería perfecto tener algo como la torre Zotto -en Siberia- en la región amazónica. Le dije, ‘excelente, pero ¿quién va a pagar por eso?’”, recordó.

El observatorio de Zotino (Zotto) funciona desde 2003 y estudia las concentraciones de gas carbono, metano y otros gases de efecto estufa en la taiga de Siberia.

ATTO costó 26 millones de reales ($ 7,4 millones) y fue financiado por partes iguales por los gobiernos de Brasil y Alemania.

Sus 15.000 piezas fueron construidas en el sur de Brasil y para trasladarlas por más de 4.500 km por tierra y barco fueron necesarios 15 días. Pesa 142 toneladas y está sostenida por largos cables de acero que, además, le dan estabilidad.

El reloj comenzará en breve su cuenta regresiva: 30 años u 11.000 días o 254.000 horas. Este trabajo ininterrumpido permitirá conocer mejor la Amazonía. (I)

Lectura estimada:
Contiene: palabras
Visitas:
Enlace corto:
Medios Públicos EP