Somos hijas de las Manuelas, de las Marietas, de las Matildes, de las Tránsitos y de todas las demás

"Cuando las mujeres entramos en espacios de poder se nos olvida nuestro metro cuadrado".
14 de marzo de 2021 07:00

La presencia de la mujer en el mundo es cada vez más notoria tanto en lo social como en lo político, hoy en el Ecuador, las mujeres somos el 56% del padrón electoral y cada vez se nota más nuestra influencia en los resultados electorales.

Las mujeres hemos vivido a través de la historia infinidad de luchas, y de estas hemos ganado espacios de representatividad y grandes avances en cuanto a la equidad de derechos en la sociedad, pero aún falta mucho camino por andar.

Hoy más que nunca es importante encontrar nuevas formas de vivir, hemos pasado ya un año desde la llegada de una pandemia que cambió la de vida de todos en el mundo, con ella llegaron el teletrabajo, la teleeducación, la telemedicina; hemos encontrado diferentes formas en el accionar de las políticas públicas generadas para palear esta nueva realidad, las mujeres en puestos de poder nos han demostrado que hay otras respuestas.

Aunque históricamente médicos y científicos han intentado explicar las diferencias entre hombres y mujeres en miles de estudios y largas horas de disertación, lo han hecho desde lo físico, buscando desde lo corpóreo lo intangible de la construcción social, no sabría decir con certeza la razón, lo que sí sé es que cuando vemos a las mujeres tomar acciones dentro de los espacios de poder son, en su mayoría, muy diferentes a las que toman sus pares masculinos.

Lo comprobé durante la campaña electoral, en varios paneles donde participaban las candidatas a la vicepresidencia, ellas presentaban y contrastaban sus planes y proyectos, hablaban sobre empleo, producción, acciones ambientales, nutrición, derechos y hasta del tema que parecería el más controversial: la despenalización del aborto; a pesar de que había claras diferencias no existieron ni insultos ni descalificaciones, al final todas buscaron puntos en común y terminaron la jornada haciendo un trato que parecería curioso si consideramos que es política y la conversación era entre contrincantes: “la que llegue, llevará a todas las demás para trabajar juntas”.

Lo que estos paneles me confirmaron es que cuando las mujeres entramos en estos espacios se nos olvida nuestro metro cuadrado y comenzamos a pensar en colectivo. La pregunta es ¿Acaso no es esto lo que el país necesita? ¿Que abandonemos lo personal y comencemos a pensar en cómo podemos avanzar junt@s?

Hoy, que vivimos en incertidumbre ¿No será el momento perfecto para ver a las mujeres y preguntarles qué piensan? La respuesta es sí. Tendremos que preguntarnos todas, saber lo que necesitamos, soñamos y anhelamos. No hacerlo significaría dejar a un lado esa otra visión, esa otra manera, esa mirada colectiva y fresca del encontrarnos, del hablar, del mediar, del tender puentes y crear en conjunto. El mundo dejaría de conocer y vivir ese otro lado, al que yo llamo la búsqueda de la ética y la estética en la política y el ejercicio del poder.

El gran reto está en que los contendores de la segunda vuelta se atrevan a ver a estas mujeres que son la mitad de la población de este cambiante Ecuador y encuentren la forma de crear y gestionar con nosotras. El país les exige que sean más de lo que han sido hasta ahora, y esto les empuja definitivamente a construir puentes con nosotras.

Ahora, esto implica que deberán no solo ser creativos, sino propositivos. Deberán ir más allá del discurso y llegar a las ideas, las acciones, las definiciones y los compromisos. Nosotras lo exigimos en nombre de tod@s. Hay tanto por hacer, no es tan difícil comenzar, aunque el primer paso lo sea, ya que requiere enfrentar el mayor miedo de todos: soltar una parte del poder, bajarse del pedestal de la razón, atreverse a preguntar, a escuchar y sí, en algunos casos, hasta dejarse guiar.

Es simple, estamos expectantes, la lucha ha sido larga, no nos hemos cansado y seguimos avanzando. Somos hijas de las Manuelas, de las Marietas, de las Matildes, de las Tránsitos y de todas las demás, estamos aquí y aquí seguiremos. (O)

Carlos Almeida / El Telégrafo
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