Prudencia terapéutica durante la pandemia

Atrincherados y exhaustos enfrentamos las consecuencias del cariño navideño, un repunte de casos.
06 de marzo de 2021 00:00

Ante el aniversario de la pandemia en Ecuador, y con la promesa de la vacuna en nuestro horizonte, aspiramos con anhelo la llegada de días mejores. Al mismo tiempo, está claro que el calor de hogar y nuestra cultura de abrazos resultaron ser demasiada tentación en diciembre.

Ahora, atrincherados y exhaustos, enfrentamos las consecuencias del cariño navideño, un repunte de casos y la saturación de las Unidades de Cuidados Intensivos a nivel nacional.

Después de un año de peligro omnipresente, el diagnosticado de covid-19 en 2021 desespera en busca de soluciones inmediatas. Haciendo honor al popular refrán, “preferible pedir perdón a pedir permiso” la población parece favorecer la intervención agresiva temprana muy poco respaldada en la literatura científica- al aislamiento y prevención.

El coctel perfecto de vitaminas intravenosas, antibióticos, analgésicos, antipiréticos, antiinflamatorios, broncodilatadores, anticoagulantes, mucoliticos, antihistamínicos, antivirales y antiparasitarios en un acertijo de horarios de administración probablemente trata más la angustia de los pacientes que la enfermedad en sí.

En este contexto de sobretratamiento poco justificado, la única piedra que queda por voltear es la cirugía.

En 1882, en el Hospital Roosevelt de Nueva York -hoy el reconocido Mount Sinai- el pionero cirujano de mama William Steward Halsted realizó la primera mastectomía radical, un procedimiento extremadamente agresivo que implicaba la remoción de todo el tejido entre la piel y la parrilla costal. El objetivo, retirar todo rastro de cáncer. En su avidez, los cirujanos de mama de finales del siglo diecinueve e inicios del veinte injustamente incapacitaron y deformaron a sus pacientes.

Hoy, mas de 100 años más tarde, el sentimiento por “extirpar” al SARS-COV2 entre infectados y médicos es el mismo que aquel del cirujano de antaño respecto del cáncer. Si bien en el caso de covid-19 no hay ni habrá deformidad evidente, la necesidad imperativa y desesperada de eliminar químicamente al virus sin duda dejará cicatrices.

Dada la naturaleza infecciosa de la enfermedad es esperable, afortunadamente, que en los casos leves y moderados - que comprende más del 80% de las infecciones – la piedra de la cirugía quedará sin voltear.

Mientras franqueamos los resultados de las festividades y esperamos al control de la pandemia; mientras sigamos anhelando días mejores, nuestra prudencia, paciencia y compostura deberán guiar el camino.


* Dr. Ramiro Cadena, médico general (cofundador Grupo COVID-19EC). 

Contenido externo patrocinado