Pandemia y elecciones

Las estructuras productivas y sociales quedaron expuestas al devastador paso de la pandemia.
01 de marzo de 2021 00:00

Se ha señalado muchas veces que la pandemia profundizó severamente la ya importante crisis económica que se avizoraba para 2020 dadas las condiciones fiscales del Estado. Las estructuras productivas y sociales quedaron expuestas al devastador paso de la pandemia, mostrando todas sus deficiencias de las que se derivan las enormes desigualdades sociales del país.

Sin duda esta situación social y económica es uno de los factores que podrían explicar el resultado de las elecciones del 7 de febrero pasado, que nos muestran que una buena parte del país está aferrado a la más repudiable e impresentable demagogia populista.

No obstante hay que señalar que no ha importado haber destapado el descomunal nivel de corrupción que con irresponsabilidad, miopía y anacrónicos preceptos ideológicos la “revolución ciudadana” hundió a la economía del país; lo cual nos refleja también una cierta apatía en la que gremios empresariales, medios de comunicación, analistas políticos, económicos, académicos y un estrato privilegiado de la clase media residente en las principales ciudades, nos hemos blindado en una burbuja social en la que compartimos y analizamos los problemas, las soluciones, dándonos la razón, sin trascender y sin comprender el país al que todos hemos contribuido a tener.

Refleja además un país que no quiere reconocer que una buena parte del tejido social en todos los estratos sociales legitima los actos de corrupción, prefiere el menor esfuerzo y piensa que el Estado debe solucionarle los problemas, considera natural vivir con la mano estirada esperando la dádiva generosa del Estado secuestrados mentalmente por demagogos de la peor ralea.

Debemos empezar a sentir vergüenza de nosotros mismos, de no ser capaces de convencer y convencernos que los caminos del desarrollo implican esfuerzo, sacrificio y mucho tiempo; así como reconocer la incapacidad de alcanzar acuerdos mínimos.

El paternalismo como elemento orientador de la política pública, se ha consolidado de manera sistemática en el alma del ecuatoriano que, equívocamente, nos dice que la única forma de salir de la pobreza es mediante políticas de redistribución a lo Robin Hood: “quitar al rico para darle al pobre”, dejando sembrado en el alma de la sociedad un profundo resentimiento que se reivindica en un falso discurso socialista a favor de los sectores vulnerables y convirtiéndose en la mejor forma de engaño dada la sistemática ampliación de las brechas económicas y sociales.

Si no podemos vernos tal como somos es muy difícil que podamos plantearnos un verdadero cambio. Nos encontramos al borde de una sociedad fallida en medio de una pandemia y unas elecciones que nos dirán que camino hemos escogido.

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