Nemonte Nenquimo: “La selva es nuestro hogar, nuestra farmacia, nuestro mercado, nuestro templo”

La activista waorani está casada con Mitch Anderson y espera la llegada de su segundo hijo.
08 de marzo de 2021 00:00

La niñez de Nemonte Nenquimo, activista indígena waorani, se desarrolló en medio de la selva amazónica, junto a las plantas, a los animales. Ella acompañaba a su mamá a la chacra y a sus tíos que cantaban y contaban historias, su vida transcurría “feliz y libre”, entre la chacra y la pesca, cuenta en una entrevista con diario El Telégrafo.

Su comunidad, Nemponpare, está ubicada en la provincia de Pastaza, cerca a Arajuno. Está en las riberas del río Curaray, y es rica en recursos naturales, situada muy cerca de la selva. Allí viven ocho familias, como 20 personas en total.

Al momento de jugar, ella lo hacía con animales como las ardillas, monos chorongos y pavas que tenían domesticados; las plantas también eran sus amigas; no había un columpio o resbaladera, pero sí árboles de caimito donde se subía a coger la fruta que comía con los demás niños de su comuna, entre ellos sus primos, con quienes hablaba en lengua Wao Tededo, aunque ella también domina el español.

“Quién sube más rápido y quién coge más frutas”, ese era el reto de entonces. Claro está, como todo niño, no estaban libres de accidentes, pues muchas veces se caían de los árboles, pero eso quedaba como un secreto sigilosamente guardado para no meterse en problemas.

Vivir en medio de la naturaleza, de la selva amazónica, le permitió entender lo importante que son todos los seres humanos, especialmente “con los que habitamos en la selva”.

“Nosotros vivimos en la selva con libertad y tenemos todo lo que necesitamos; la selva es nuestro hogar, nuestro mercado, nuestra farmacia, nuestro templo. Es lo que nos da vida y nos hace lo que somos. Vivir en la selva es mirar las estrellas todas las noches, poder admirar el amanecer o el anochecer y escuchar los sonidos de los animales. Conectar espiritualmente con la naturaleza, es una conexión con los animales silvestres, respeto a esa conexión”, destaca Nemonte al describir su entorno.

Vivir en la selva -reitera- me permitió aprender a respetar a la madre tierra; el respeto nace viendo a los niños felices jugar y aprendiendo con libertad, respetando el agua, los animales, las plantas y los pensamientos de nuestros Pikenani (abuelos, sabios, guerreros), porque ellos nos guían y nos recuerdan la importancia de nuestro territorio.

Foto: Cortesía Amazon Frontlines

Una selva verde para Daime Omere

El respeto también nace compartiendo con otros pueblos indígenas que luchan por sobrevivir. “He visto cómo van quedándose sin territorio, sin alimento, cómo los animales van muriendo por la contaminación”.

Como toda madre, su hija Daime Omere (Arcoiris de la Selva) le da más fuerza para luchar por sus derechos que son, a la vez, los derechos de la naturaleza.

“Quiero que ella pueda tener esa selva verde, con libertad, alegría y paz. Esta defensa (por la naturaleza, por la Amazonía) no es por interés de dinero. Mi hija a sus 5 años también me enseña. Un día, cuando fuimos a Quito a inicios de este año, yo subí donde los jueces de la Corte Constitucional a dejar un documento para pedir cumplimiento de la sentencia. Mi hija estaba afuera y me dijo: petróleo no, ¿diga?; daña el ambiente, ¿no?; el agua, sí. Yo ahorita estoy tomando agua, mamita, qué rico tomar agua; tú estás defendiendo la vida misma, sin agua no podemos vivir, nos podemos morir. Ahí empezó a cantar en Wao que significa petróleo no, agua sí”, recuerda Nemonte, ganadora, entre otros reconocimientos, del premio Campeones de la Tierra, en 2020.

Su conexión con la naturaleza la llena de conocimientos y por eso dice que las plantas piden respeto y siempre deben pedir permiso; “si quiero curar a una persona con una hoja o una planta o su raíz debo pedir permiso; tenemos esa conexión porque las plantas merecen respeto al igual que nosotros, esa conexión tenemos los habitantes de la selva”.

Sus ancestros

Así como ama la vida, la selva, ama y respeta a sus ancestros, y siente que por sus venas corre sangre guerrera. “Siglos tras siglos la selva nos ha dado la vida, y durante la pandemia, aprendimos que solo la selva nos salva, que la naturaleza cura el alma y eso me ha fortalecido”.

Nemonte Nenquimo es hija de Tiri Nahuane Nenquimo Nihua y de Manuela Isabel Pauchi Padilla, quienes le dejaron como enseñanza esa conexión con la naturaleza, vivir y sobrevivir de todo lo que ella les provee, como la chacra, la pesca, la armonía, vivir en libertad y sin enfermedad.

“Mi madre nació en un pueblo sápara, pero cuando tenía 13 años llegó al clan de mi padre. Desde ese día, ella aprendió de la vida, el idioma y la cultura waorani y ahora ella se reconoce como waorani. Ahora es muy respetada dentro de la comunidad porque es muy sabia y entiende la medicina natural. Su enseñanza ha sido esa”.

De su padre dice que nació en la selva y no entró en contacto con el resto del mundo hasta hace 50 años. “Gracias a él aprendí sobre mis raíces y sobre la lucha waorani de siglos y años. Por eso, sigo defendiendo a nuestro pueblo, por nuestros hijos y su futuro”.

Destaca que gracias a su padre y abuelo aún tiene “selva viva sin contaminación”. Cuenta que ellos eran defensores, cuidadores, guardianes de la selva, “y me están acompañando”.

Su abuelo murió hace muchos años, pero Tiri Nenquimo se encargó de que estuviera presente en la vida de su hija.

“Desde que tenía 5 años me hablaba sobre él y su lucha de defensa antes del primer contacto. Mi abuelo era un defensor de su territorio, lo protegía, no dejaba que entraran invasores, era un guerrero waorani. Me han dejado un conocimiento y riqueza que debemos valorar: la cultura y los cantos, eso viene de generación en generación y hasta ahora nuestro padre nos da ese conocimiento y eso debemos valorar y respetar para las siguientes generaciones; ha sido muy importante tener esas raíces”.

Dolor, lágrimas y enfermedad

Nemonte es el relato vivo del dolor que le ha causado a su pueblo la contaminación, la destrucción, el extractivismo. Desde el 2010 inició la defensa colectiva pensando en la importancia de proteger su territorio, la lengua y las costumbres.

Pero aclara que esa lucha la aprendió desde niña y eso le transmitieron sus abuelos. “Trabajo con pueblos indígenas, he sentido mucho dolor por lo que los gobiernos y las empresas están haciendo con nuestros territorios, mucha contaminación, mucha destrucción, mucha enfermedad en las mujeres, abuelos y niños por esa contaminación y la extracción de nuestros recursos”.

Por ello, en el 2014 crearon la Alianza Ceibo, “después de conversar con compañeros Siona, Siekopai, A’i Cofanes y Waorani y entender cómo nuestros territorios, aunque están distantes, atraviesan problemas parecidos”.

Nemonte confiesa que ha llorado de coraje “porque no se respeta nuestra casa”. Ha llorado porque hace un trabajo para que sus hijos tengan la libertad y la paz que ella tuvo de niña en la selva, que vivan sin enfermedades y que tenga ese territorio.

La lideresa y su día a día

Desde el 2008, que es presidenta del Consejo de Coordinación de la Nacionalidad Waorani de Pastaza (Conconawep), pernocta por mucho más tiempo en la Shell, a 30 minutos de Puyo.

Su día comienza a las 06:00, “hablo de mis sueños para saber si vamos a ir bien o qué va a pasar”. A las 08:00 se va a la oficina donde se reúne con los demás dirigentes y mantiene conversaciones con el Consejo de Gobierno Waorani.

“A mí me gusta estar cerca de las comunidades, porque eso aporta a mi crecimiento como dirigente. Entonces, viajo mucho para acompañar sus procesos de educación, de seguridad y soberanía alimentaria, de cuidado del territorio”.

Reconocimientos a su lucha

Nemonte Nenquimo es una dirigente con una agenda copada de reuniones, visitas a comunidades y otras actividades que se resumen en su lucha por la naturaleza; lucha por la cual ha recibido reconocimientos internacionales.

“En estos últimos meses, los premios (recibidos) han hecho que yo esté en muchas entrevistas con medios nacionales e internacionales dando a conocer mi lucha. Pero, intento no abandonar el trabajo organizativo y las visitas a las comunidades”.

Sin embargo, dice que esos reconocimientos “no son para mi como Nemo, todos los premios son un reconocimiento a la lucha de los Pikenani que están muertos, de los que están presentes luchando, porque creo que la lucha es colectiva no individual”.

Reconoce que ella sola nunca hubiera llegado a obtenerlos, porque es un trabajo de muchas personas que la acompañan y le dan fuerza.

“Es un reconocimiento a las mujeres que cantaban conmigo en las audiencias y a los hombres que nos acompañaban. Es un reconocimiento a los Pikenani que nos guían. Agradezco a los abuelos y a los pueblos indígenas que han estado luchando por sus propios territorios, que han dado su vida. Con estos reconocimientos, todas nuestras luchas se visibilizan”.

Medicina ancestral

Cuando uno de los habitantes de su comunidad enferma acuden a las plantas tradicionales y, por eso, no tienen miedo de enfermar, tienen confianza, porque es un conocimiento que siguen poniendo en práctica.

“Siempre hemos tenido una cercanía con las plantas. En las comunidades waorani hay gente muy sabia que conoce para qué sirve una planta y qué enfermedades cura. Con el covid nos acercamos aún más y empezamos a ver que sí teníamos varias medicinas para curar muchos de los síntomas, como la fiebre, limpiar el pulmón”.

Cuenta que su gente empezó a enfermar y “dolía mucho el corazón ver que los médicos no oían nuestras alertas y decían: Para qué vamos a ir, porque si ustedes no entran y salen los waorani no van a enfermar, es muy, muy adentro en la selva, nadie va a enfermar a tu pueblo”.

Entonces la respuesta de ellos fue que “los waorani no se quedan en la casa, se van caminando a otras provincias. Nosotros mismo entramos con organizaciones aliadas y empezamos a hacer pruebas y a entregar alimentos y en las comunidades; la gente que se enfermaba prefería curarse con la medicina natural, porque algunos que salieron al hospital se murieron”.

En general -menciona- hay comunidades que sí tienen cerca subcentros de salud, pero no sirve de mucho, pues no tienen medicinas, ni médicos. “Igual las comunidades que no tienen explotación petrolera son distintas, donde hay petroleras hay cáncer y otras enfermedades más difíciles de curar”.

A la espera de su segundo hijo

Nemonte Nenquimo está casada con Mitch Anderson, con quien tiene a su hija de 5 años.

“Mitch y yo trabajamos por los derechos de los pueblos indígenas, ahora vamos a tener otro guerrero hijo, está en camino y se llama Sol Nenki; él tendrá la herencia de su familia, ese nombre viene desde mis abuelos y su cultura consideraba ese nombre especial para los guerreros de mi familia; él tendrá un territorio libre y alegre para vivir”.

La voz de la mujer waorani

En otras nacionalidades, menciona Nemonte, hay todavía ese rasgo patriarcal, pues en muchos casos hay mujeres que quieren ser lideresas y no las dejan.

Pero aclara que en la cultura waorani, la voz de la mujer es muy importante y es escuchada antes de tomar decisiones.

“Las mujeres siempre pensamos en nuestros hijos y en el territorio. Creo que ser mujer waorani es tener mucha sabiduría y respetar la vida. En esta cultura las mujeres y los hombres somos iguales, somos destacados por la lucha, aunque ahora la cultura está cambiando negativamente”.

En ese sentido, resalta que cada día más lideresas de otras nacionalidades amazónicas como ella, están preocupadas por la educación, la salud, el hogar, “muchas estamos con cargos de dirigentes y luchamos día a día; no hemos sido escuchadas ni representadas, pero todas estamos unidas en las causas de otras mujeres para que sean visibles”.

Ella nunca fue a la universidad, pero su mamá y los Pikenanis le enseñaron todo lo que sabían y por eso ella se siente una experta en curar con las plantas y en cuidar la selva.

“Yo he aprendido de la selva, ese conocimiento es el que me importa, más que ser científica, política o abogada”, revela.

La primera mujer dirigente

Nemonte, que significa: Constelación de estrellas y pez largo de quebrada pequeña, y Nenquimo, que significa: Cara de Sol, es la primera mujer a quien la Conconawep eligió como dirigente y eso la llena de orgullo. “Pero también es una decisión propia seguir defendiendo mi territorio, porque sabemos que la lucha no se termina con los premios ni con las sentencias ganadas”.

“Las sentencias por nuestra demanda en la que protegimos 180.000 hectáreas y la que pusimos por el covid el Estado no ha cumplido. Entonces, seguiré diciendo que el único camino es resistir. Lo hago por conciencia, por las futuras generaciones que merecen vivir en un territorio libre de contaminación y porque no quiero que mi pueblo waorani, mi cultura se muera”, enfatiza la lideresa.

La Amazonía enfrenta peligros como los incendios y el extractivismo. “Hemos dicho que nuestro territorio es nuestra decisión y que queremos que nos dejen vivir en paz, pero empresas petroleras y mineras y los gobiernos siempre intentan sacar nuestros recursos de la selva”, fustiga.

Junto a Nemonte y Alianza Ceibo y la organización base que dirige, la Conconawep, están otras como Amazon Frontlines y la Confeniae, para luchar en defensa de la Amazonía. Esa lucha la ha llevado fuera de su territorio y de las fronteras de Ecuador, como a Estados Unidos por eventos del cambio climático y a Suiza, a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Nemonte no claudicará en su lucha, pues ese es el legado de sus ancestros y como dice, quiere que sus hijos y las nuevas generaciones tengan la libertad que ella tuvo y esa conexión con la naturaleza, con la selva, pero con una selva sana no mutilada, no contaminada.

“Al Gobierno le digo que respete nuestras decisiones y nuestra palabra, que no intente manipularnos. La naturaleza no busca que la cuidemos, busca que la respetemos. A las madres y padres (les pido) que enseñen a sus hijos a cuidar la naturaleza, a los jóvenes que escuchen a sus abuelos y, al mundo, que asuma la lucha en defensa de nuestros territorios, porque aunque vivan lejos de la selva, si la selva se acaba, el mundo se acabará también. Por eso, la lucha indígena es importante para todos. No debemos esperar que la defensa salga solo de la voz de los indígenas, sino de la gente de la sociedad; pedimos que se unan y que juntos podamos cuidar la Amazonía”. (I)

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