Las mujeres en los nuevos escenarios

Los avances, empero, tienen dificultades y obstáculos, herencias culturales y atavismos.
07 de marzo de 2021 06:00

En el siglo XXI las mujeres juegan un papel fundamental en la construcción de un mundo más humano y viable. Vivimos una época de transformaciones cualitativas, pero hay mucho que recorrer todavía, sobre todo en el ámbito en la equidad de género y temas puntuales como el maltrato intrafamiliar, la desintegración de la familia y la creación de una nueva ética global.

La mitad de la humanidad está integrada por mujeres. Esta sola constatación permitiría reconocer la importancia de su vigencia en el mundo, pero no es el dato el que interesa, sino su coparticipación real, efectiva y afectiva en la formación de la sociedad humana.

Este reconocimiento, lamentablemente, ha sido producto de una lucha tenaz de las mujeres para ser reconocidas por lo que son y siempre fueron: seres humanos libres e iguales al varón, con derechos y deberes asimismo iguales, con identidad y garantías especiales por su maternidad.

Digo “lamentable” porque la condición de las mujeres no es fruto de una gratuita concesión del mundo masculino, sino por derecho propio, natural y positivo, como seres humanos, que en varias etapas de la historia no solo no fueron reconocidas sino marginadas, excluidas y dominadas por estructuras culturales, patriarcales y mentales, que las convirtieron, en ocasiones, en personas de segunda categoría. Recuérdese, por ejemplo, que durante mucho tiempo las mujeres y los niños fueron considerados como “incapaces relativas” desde el punto de vista legal, según el Código Civil ecuatoriano.

Enfoques

Con la modernidad y los cambios como la urbanización, el fomento de las profesiones, las reformas legales y el desarrollo económico, las mujeres salieron de su ostracismo –por decir un término- y comenzaron a capacitarse para emprender una gran aventura, que no ha terminado: el mejoramiento de la calidad de vida de todos, unido inseparablemente a la educación y las oportunidades en todos los campos del saber humano.

Al principio los enfoques fueron feministas radicales –en contraposición o contradicción con los hombres-, pero ahora los movimientos de mujeres –salvo excepciones- trabajan por la equidad de género y la búsqueda de oportunidades para el desarrollo de proyectos de desarrollo, porque se dieron cuenta a tiempo que el “enemigo” de las mujeres no era el macho sino la pobreza, la exclusión y la marginalidad.

Sin embargo, hay mucho que caminar todavía. El papel de las mujeres ha cambiado para bien en todos los campos del conocimiento, así como en el liderazgo social, económico, político, cultural, tecnológico y ambiental. No hay sitio donde las mujeres no participen, contribuyan, colaboren o dirijan. Y este nuevo estatus ha contribuido a la creación de un mundo más humano, productivo y menos dependiente de procesos violentos o agresivos.

Inserción de las mujeres

Los avances, empero, tienen dificultades y obstáculos, herencias culturales y atavismos, que impiden a hombres y mujeres construir un sistema más humanizado.

La profesionalización de las mujeres ha sido un salto importante, porque tiene un valor intrínseco de notable impacto en la autoestima, la mejora del talento humano y en los réditos tanto económicos como culturales; sin embargo, la inserción de las mujeres en el mundo laboral ha repercutido en las familias, según estudios sociológicos. No se quiere argumentar que las mujeres hogareñas mantienen su prole como arquetipo y, por lo tanto, están en desventaja frente a las mujeres profesionales. Lo que se plantea es que el modelo de familia ampliada se ha modificado, y que por diversas circunstancias el objetivo de las mujeres, con las excepciones del caso, es prepararse para la vida laboral y no exclusiva sino -paralelamente- para ser madres y esposas.

Es urgente un contrato social ampliado, global, regional y local que genere opciones concretas en la lucha contra la violencia intrafamiliar y la maternidad prematura –que el Ecuador afronta según las estadísticas-. El nuevo papel de las mujeres está en la construcción de una nueva ética civil y en el desarrollo de políticas públicas de carácter integral, incluyentes y equitativas.

La cuestión es clara: los papeles de hombres y mujeres están cambiando en la sociedad moderna, lo cual significa la conformación de nuevos tipos de familias que aparecen en el escenario humano, y no solo –curiosamente- por la inserción de las féminas en el mundo laboral, sino por otros factores como el desarrollo de las tecnologías, la búsqueda de nuevas fuentes de conocimiento y modelos de desarrollo más equitativos y sustentables.

Cuentas pendientes

El mundo, en este sentido, tiene cuentas pendientes con las mujeres. No basta, por cierto, la creación de una oficina en las Naciones Unidas para tratar los problemas de las mujeres, y la expedición de normas, reglamentos y comisarías de defensa. Es urgente un contrato social ampliado, global, regional y local que genere opciones concretas en la lucha contra la violencia intrafamiliar y la maternidad prematura –que el Ecuador afronta según las estadísticas-.

El nuevo papel de las mujeres está en la construcción de una nueva ética civil y en el desarrollo de políticas públicas de carácter integral, incluyentes y equitativas, mediante la coeducación y la búsqueda de igualdad de oportunidades para todos y el fortalecimiento de las familias. (I)





Te recomendamos

Las más leídas