Mujeres se abren camino en un mundo laboral de hombres

Milagros Chirinos y Judy Párraga se destacan por su trabajo en el Puerto de Guayaquil, operado por Contecon.
31 de marzo de 2021 17:31

“Es un ambiente un poco rudo para cualquier mujer, hay que tener mucho carácter y amor por el trabajo”, dice Milagros Chirinos, de 44 años, una de las jefas de turno de Operaciones en el Puerto, operado por Contecon Guayaquil S.A. Mientras que, para Judy Párraga, es un desafío manejar un tractor portuario que transporta los contenedores, ante el asombro de sus compañeros hombres. 

Ambas son un vivo ejemplo de que su condición de mujeres no son impedimento para ser parte de este mundo laboral predominado, fundamentalmente, por hombres en todas las áreas.

Milagros tiene 15 años trabajando en terminales portuarias, donde empezó como estibadora en su natal Perú: “era difícil que comprendan que una mujer tiene la misma capacidad de aprendizaje, análisis y conocimiento. Al inicio no me dejaban tener los planos de estiba de los barcos, por recelo. Yo tenía que buscarlos y pedía a los tripulantes que me los explicaran”. 

Las concesiones en el Puerto del Callao le permitieron aprender más, gracias a la apertura de las multinacionales al trabajo de la mujer. También, y de forma paralela a su trabajo, estudió Negocios Internacionales, y poco a poco ganó el respeto de sus compañeros, quienes, en sus inicios, la miraban con gracia, por sus 1,60 mts. de estatura (no cabía en la talla más pequeña de overol que disponían para vestir, no existían tallas femeninas).

Laboró en todas las terminales peruanas; luego, en República Dominicana y Honduras; y el año pasado llegó al Ecuador: “el Puerto de Guayaquil es muy rico, expansivo en cuestión de aprendizaje y tiene diversidad de operaciones. Se realizan varias cosas que no había visto directamente, hay mucho trabajo”, enfatiza Milagros, quien conoció de este campo laboral mientras ayudaba a una persona a inscribirse en un curso de Controlador de tráfico marítimo, cuando ella y su hermano tenían un cyber.

En cambio, a Judy Párraga siempre le gustó manejar vehículos. Empezó a los 14 años conduciendo una tricimoto, en el negocio que tiene su padre, y desde diciembre del 2020 opera un tractor portuario, que transporta contenedores de patio a patio, cuando llegan buques.

“Me gusta aprender, nada es imposible. Para mí es un desafío mi trabajo, en mi grupo soy la única mujer entre más de 30 hombres”, explica la guayaquileña de 24 años, quien ha sentido el respaldo de sus compañeros desde el primer día de labores.

El año pasado solicitó un préstamo para obtener la licencia tipo G, y así poder postularse al empleo que hoy ocupa. Con esa credencial, Judy está habilitada para operar maquinaria pesada, como retroexcavadora, cargadora frontal, montacarga y canguro.

“Pasé las pruebas de manejo y las entrevistas; después de tres meses, no he tenido accidentes, gracias a Dios”, añade esta joven esposa y madre de familia de una niña de 3 años, que en un futuro se ve operando una grúa pórtico, como parte de su crecimiento profesional.

Confiesa que, al principio, lo más duro fueron las amanecidas, pues los turnos operativos para el área de tractores portuarios en todas las terminales marítimas, corresponden a 12 horas: “ahora ya estoy adaptada, sé que voy a pasar mala noche y tengo que estar descansada para hacer un buen trabajo”.

Milagros y Judy son ejemplos de tenacidad, lucha y profesionalismo en un espacio laboral que día a día atrae a más mujeres. Ellas ven con optimismo el futuro, y aseguran sentirse orgullosas de colaborar en la principal terminal portuaria del país, el Puerto Marítimo Libertador Simón Bolívar, de Guayaquil.

Milagros Chirinos en sus actividades
Foto: Celia Vera
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