Las grandes lecciones aprendidas con el covid

"En países como el nuestro en los que para adquirir una vacuna debes tener “palancas”, esto lastima..."
14 de marzo de 2021 00:00

El mundo ha visto atónito como una devastadora pandemia ha aniquilado sueños, ha cercenado familias, nos ha quitado los abrazos, los besos, pero sobre todo nos está quitando la esperanza, porque lo más caótico es que aún no vemos la luz al final del túnel, sobre todo en países como el nuestro en los que para adquirir una vacuna debes tener “palancas”, esto lastima, duele en lo más profundo, saca a flote la miseria humana de la que podemos ser capaces. Mientras tanto la gente más desprotegida está a la deriva de sus gobernantes que se empeñan con sobra de méritos, defraudarnos cada día, enfatizando en que la vida de un familiar de ellos vale más que la de un anciano desprotegido o un indigente de la calle, sin duda como sociedad hemos perdido la verdadera razón por la que estamos vivos.

Pero, a veces los momentos dolorosos son los que nos enseñan lecciones que pensamos que no necesitábamos saber, si algo nos deja de aprendizaje este dolor, es lo siguiente:

El valor de lo simple, cotidiano y sencillo, el acelerado  ritmo de la vida que llevamos nos ha hecho tener una miopía crónica,  hay necesariamente que estar corriendo ¿hacia dónde?, no sé, pero hay que correr, sin darnos cuenta de que la magia de la vida está en lo simple y lo sencillo, esto ya nos advirtió  el poeta romano de la literatura universal Horacio, en su oda 11 cuando empleó la locución latina, Carpe Diem, haciendo referencia a que debemos aprovechar el día y no malgastarlo, afirmación que se refería a saber valorar lo que tenemos.

La verdadera riqueza de la vida está a tu alcance, hoy puedes ser millonario si así lo decides, esta sociedad mercantilista asocia la riqueza con la acumulación de bienes, cuando la verdadera riqueza está en poner en acción tus sentidos, escuchar, ver, sentir o hablar con quién amas, definitivamente son síntomas de que eres rico, pero no te has dado cuenta. Tu corazón que es el banco que acumula y registra esta fortuna te reclama que valores lo que tienes. 

Reconocer la vulnerabilidad de los humanos, como lo decía Cicerón, “No hay nada hecho por la mano del hombre que tarde o temprano el tiempo no destruya”. Creíamos que éramos invencibles e infalibles, pero esta pandemia pudo hasta con las economías mas robustas, en un abrir y cerrar de ojos vimos al mundo vacío y desierto. Como dice Francisco Bernárdez, “no se goza bien de lo gozado, sino después de haberlo padecido”, las lecciones fueron impartidas, la diferencia radica en como cada uno las recibe y las aprovecha.