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Filosofando en la segunda ola de la pandemia (segunda entrega)

Negocio, ocio y ociosidad contrastan con el desempleo forzado, más visible y lacerante en la pandemia.
10 de marzo de 2021 06:00

En los últimos años los videojuegos y particularmente Netflix, han inundado el mercado de la recreación, el ocio se traduce en ver series que además atrapan compulsivamente a manera de adicción al vidente, lo que el filósofo Byung-Chul Han denomina “atracón de la televisión” a manera de una bulimia o conocido también como el binge watching; así como existen atracones gastronómicos, el homo videns se vuelve un bulímico de la imagen y esto puede producir mucha más visibilidad en muchos sectores poblacionales atrapados en una pandemia que les ha obligado a separarse del trabajo físico diario. 

Es cierto que el teletrabajo ha reemplazado al trabajo físico y en sectores especialmente cortados de la sociedad, el teletrabajo se ha vuelto intensamente estresante; pero hay otro sector de la población en donde la ausencia de trabajo físico y telemático inunda la presión para que se vuelva anómica, en el viejo sentido de Émile Durkheim. 

Negocio, ocio y ociosidad, empero, contrastan con el desempleo forzado, más visible y lacerante durante la pandemia en países vulnerables. 

El concepto de matar el tiempo es literal, el ocio por tanto deja de ser recreativo y pasa a ser una expresión del vacío de trabajo; se convierte en una especie de fast-food frente al slow-food que significa la recreación intelectual y placentera. Es un reemplazo del Eros –placer–, por Tánatos –muerte– siguiendo a Marcuse y Freud, lo que implica una discronía entre una visión en favor de la recreación placentera y el contraste con la recreación compulsiva. 

El tiempo se atomiza, se altera el sentido de liberación; Byung-Chul Han desde Corea del Sur enfatiza que el tiempo ha perdido su fragancia, le falta el concepto de vida contemplativa de los viejos filósofos y teólogos que aspiraban que la misticidad o la contemplación de la naturaleza decanten en un placer espiritual. 

La hiperactividad suprime la necesidad de recrear, no hay tiempo pleno, por tanto la civilización regresa a una forma de barbarie.

En efecto, los medios digitales en muchos campos otorgan mayor libertad pero a la vez se vuelven una forma fina de coerción a la que nos sometemos, el mundo digital de esta manera se vuelve un dogal. 

En la doctrina de fondo, los gobernantes ya no gobiernan, twittean, descargando sus emociones ipso facto. El filósofo Han manifiesta que Trump es el primer presidente twittero, sin embargo, precisando la línea histórica me parece necesario mencionar que ya Bolsonaro ganó las elecciones twitteando. (I) 

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