Felicidad: ¿feliz edad?

La felicidad es un estado del alma, una situación de bienestar al que todo ser humano aspira.
14 de marzo de 2021 07:00

La felicidad está ligada a ciertos patrones de comportamiento y logros, donde el dinero y los bienes cuentan para ciertas personas. ¿Esa es la felicidad? ¿La felicidad tiene algo que ver con la edad?

El tema de la felicidad es uno de los más arraigados en el planeta. No se diga en esta época, en la que predominan los buenos deseos que transmiten las personas, a través de regalos, tarjetas, mensajes y otros rituales que forman parte de la cotidianidad, ahora contaminados por el mercado...y la pandemia.

La felicidad

Pero, ¿qué es la felicidad? Filósofos, psicólogos, comunicadores, empresarios y todas las personas del estado llano, nos hemos hecho esa pregunta. Las respuestas son diferentes. Todo depende del cristal con el que se la mire.

La felicidad es un estado del alma, una situación de bienestar al que todo ser humano aspira. Es sentirse bien y, sobre todo, hacer sentir bien a los demás, especialmente a los que se ama.

En cambio, los medios o instrumentos para ser felices son disímiles: un niño es feliz con un helado, un joven con una bicicleta, un adulto con su pareja. No hay como “medir” el nivel de felicidad, aunque circula por ahí un “barómetro” para medir la felicidad de los países, que no convence a muchos.

La felicidad, según el Análisis Transaccional (AT), constituye una actitud frente a la vida y es el resultado de un juego de relaciones entre los miembros de un grupo, y en primer lugar de la pareja. Algunas personas piensan que el dinero es la única fuente de felicidad; sin embargo, no todos piensan así porque si bien han logrado obtener recursos, en el fondo son personas desdichadas.

Algunas pistas

No hay sistema –como dijimos- para medir la felicidad, porque es un valor por naturaleza intangible. Pero cada persona puede establecer momentos especiales que se podrían considerar felices, o cercanos a lo que sería la felicidad. Por ejemplo: el día de su matrimonio, de su graduación, de su primer viaje en avión o, simplemente, de haber logrado algo personal: escribir un libro, sembrar un árbol o tener un hijo… Pero nada es tan valioso como sentirse amado, acompañado y querido en un ambiente propio o ajeno.

Mas resulta paradójico comprobar que en la vida cotidiana no nos damos cuenta que somos felices al tener padres, madres, esposa e hijos… sino cuando los perdemos. Por eso es importante reconocer la importancia de las personas que viven con nosotros, valorarlas y aceptarlas como son.

Otra pista es buscar denodadamente que las personas que amamos –familiares, parientes, amigos- se sientan bien. El AT mencionado arriba permite identificar tres posibilidades, en las relaciones con las personas: “Yo estoy bien, tú estás bien” (que es lo ideal y nutritivo); “Yo estoy bien, tú estas mal” (pernicioso y desigual); y “Yo estoy mal, tú estás mal” (neurótico y enfermizo). La felicidad –o lo que se llame- se acerca más a la primera proposición: “Yo estoy bien, té estás bien”, porque la idea central es que los que viven con uno se sientan bien, es decir, contentos y felices.

¿Feliz edad?

Se dice que no hay edad para ser felices. En este sentido, los niños, los adolescentes, los jóvenes, los jóvenes adultos y los adultos mayores, todos, sin excepción, aspiramos a ser felices. La plenitud sería un objetivo digno de ser tomado en cuenta.

Pero, ¿qué es la plenitud? Para el poeta “la juventud es la primavera de la vida”. Por lo tanto, no habría otra edad feliz o plena que la juventud. Otros, en cambio, sostienen –con razones o sin ellas- que la “feliz edad” comienza a los cuarenta años, en hombres y mujeres. ¿Qué le parece?

Sería bueno realizar una encuesta, sin embargo, gracias a la estadística quedarían muchas personas en el promedio y otras fuera, por excepción. De ahí que sería apropiado pensar en varias opciones para valorar la felicidad personal: el amor que damos más que el que recibimos; la compañía que ofrecemos a los demás más que el culto a nuestro ego; la edad que tenemos –cualquiera que sea, pero vivida con intensidad y alegría- más que el pesar porque envejecemos… (O)



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