El docente es clave en la sociedad del conocimiento

- 27 de octubre de 2018 - 00:00
Los profesores tienen que estar actualizados, para ello el Gobierno debe proporcionar las herramientas necesarias.
Foto: Archivo / EL TELÉGRAFO

Los que integran el sector demandan acciones para mejorar sus condiciones de trabajo. Ellos esperan una formación continua, que se refleje en los estudiantes.

La infraestructura, el equipamiento y los recursos son necesarios, pero el factor humano es clave en “la conquista de una mayor calidad de la educación, que será imposible mientras tengamos unos cuerpos docentes desconcertados y desmoralizados ante el escaso apoyo que reciben de la sociedad”, escribe José M. Esteve en la obra La tercera revolución educativa, Paidós.

Si bien es indispensable no perder de vista que el eje central de los sistemas educativos es el estudiante, no es menos cierto que es tiempo de apoyar a nuestros profesores y recuperar el nuevo papel de los docentes en la sociedad del conocimiento.

El profesor Esteve menciona en su libro cuatro aspectos para fortalecer al profesorado en función de la calidad, y en esa línea construir una nueva educación: Reconocimiento social de la labor de los profesores; mejora de sus condiciones de trabajo; revisión y cambio de las estructuras de formación continua, y modificar los criterios de selección.

Doble discurso
En cuanto al conocimiento, el discurso sobre la educación como eje del desarrollo nacional es vacío, si no va acompañado de acciones concurrentes. No es posible cambiar el modelo educativo sin los profesores. Los puentes de diálogo son urgentes.

Así se evitará el doble discurso que reconoce a la educación como derecho, como garantía en el papel, y acciones que reproducen la tragedia: “que todo el mundo hable de lo que deben hacer los profesores, mientras cada vez menos gente valiosa quiera serlo”.

Horas trabajadas
Las condiciones de trabajo de los docentes deben mejorar. Es absurdo que se quiera calificar o valorar, exclusivamente, la acción docente por horas trabajadas, como en la industria o el comercio.

Los docentes sabemos que la labor pedagógica es mucho más que “dictar” clases: hay un antes o planificación, un durante -la clase- y un después o evaluación de tareas y lecturas. Las nuevas responsabilidades que el Gobierno pide a los profesores deben compensarse, al menos, con más espacio, más bibliotecas, más capacitación de calidad y oportunidades para actualizarse científicamente.

Clases imposibles
Los retos del docente en la sociedad del conocimiento son mayores que hace diez años. Las exigencias deben revertir la actual tendencia. El cambio social, la innovación científica y la educación van de la mano. Los profesores son mediadores.

Por eso, “sin una visión clara del contexto en el que actúan los profesores y sin las herramientas para afrontar los nuevos desafíos continuará el desconcierto y la inconformidad… seguimos formando profesores para dictar clases imposibles, en centros de enseñanza que ya no existen”, según José M. Esteve.

“Muchos profesores sufren un auténtico colapso al enfrentarse a las nuevas exigencias de la realidad cotidiana en las aulas. En consecuencia, faltos de una formación específica y absolutamente desbordados por la realidad del aula, tienden a recuperar antiguos estilos autoritarios y medidas represoras, que generan un aumento de conflictividad”.

Nuevos perfiles
Un tema muy sensible de la educación y los docentes es la selección de profesores en una sociedad democrática, que apunta a la gestión de conocimiento. Ello debería ser anclado a la meritocracia.

En la práctica, no existen procesos de oposición. En teoría, los candidatos a profesores deberían cumplir perfiles de igual o mayor pertinencia que un abogado, un economista, un arquitecto o un tecnólogo, pero en la realidad no se toman en cuenta criterios profesionales –conocimientos, destrezas sociales, competencias, personalidad, entre otros-.

¿Quién se preocupa si un candidato es adecuado para educar? El sistema en la actualidad se reproduce a sí mismo, a través de vacantes que se cubren por antigüedad u otros mecanismos, antes que por la evaluación. (O)

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