La protección de la biodiversidad como única respuesta al covid

Alrededor de 2.2 mil millones de personas en el mundo no tienen acceso a fuentes seguras de agua, 4.2 mil millones de personas no tiene acceso a servicios básicos de sanidad y 3 mil millones de personas no pueden acceder a infraestructura.
15 de marzo de 2021 00:00

La pandemia global que atravesamos nos enfrenta a la contradicción entre el bienestar y el desarrollo. La importancia de preservar la vida versus mantenernos en el encause del “desarrollo económico” tradicional.

Dentro de estas disyuntivas existen matices importantes. Primero, la causa de esta pandemia (y probablemente las potenciales pandemias futuras) tiene que ver con la invasión humana sobre los ecosistemas y el continuo asedio sobre la biodiversidad que da lugar a la zoonosis.

La zoonosis se refiere a enfermedades propias de la fauna salvaje que incidentalmente pueden transmitirse a los seres humanos por su cercanía.

Segundo, se evidencia nuevamente la gran relevancia del acceso al agua y saneamiento como una medida para precautelar la salud y detener el traslado de patógenos infecciosos. En la actualidad alrededor de 2.2 mil millones de personas en el mundo no tienen acceso a fuentes seguras de agua, 4.2 mil millones de personas no tiene acceso a servicios básicos de sanidad y 3 mil millones de personas no pueden acceder a infraestructura e insumos para el lavado de manos. (Datos de la Organización Mundial de la Salud 2019).

En tercera instancia, en la actualidad, el desarrollo se considera un marcador de calidad de vida, sin embargo, los países con mayor nivel de “desarrollo económico” son también los países con mayores tasas de mortalidad como resultado de la pandemia del covid–19. A pesar de ello una de las principales preocupaciones a nivel de estos países es la contracción del PIB en un 4,3%, durante el 2020 (ver informe Perspectivas Económica Globales del Banco Mundial, 2021). Esta realidad debería llamarnos a replantear las prioridades del paradigma desarrollista y buscar entender una dimensión más holística de bienestar del planeta.

Las respuestas actuales de los Estados se enfocan en visiones de corto plazo que buscan encaminar la economía global, dejando al margen las preocupaciones y los problemas relacionados a la biodiversidad y el calentamiento global. La falla de obviar las causas reales del problema, en el desarrollo de soluciones, nos encamina nuevamente hacia el riesgo eminente de revivir las circunstancias del 2020. El rol de los Estados es vital como articuladores de respuestas frente a esta y futuras pandemias.

No se puede considerar una reactivación productiva dentro de un escenario “Business as Usual” como una solución a la crisis de la pandemia. Para salvaguardar el futuro se requiere un cambio estructural. Este es un momento clave en que los Estados deberán generar inversiones para la conservación de la biodiversidad mediante el reconocimiento de su relevancia intersectorial. (0)