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San Fernando, un pequeño paraíso en suelo azuayo

- 02 de julio de 2018 - 00:00
Los visitantes nacionales o extranjeros tienen como opciones la práctica de deportes extremos, entre ellos el parapente, lanzándose desde el cerro San Pablo.
Fotos: Héctor Haz, especial para Séptimo Día

A pocos minutos de la capital provincial, el poblado –compuesto por unas 4.000 personas– es visitado por turistas de Canadá, Estados Unidos y Europa. La laguna, el cerro y la iglesia son sus actractivos.

El mágico encanto de una laguna paradisíaca, ubicada a 2.600 msnm, rodeada de exóticas aves y una exuberante flora, es lo que espera a los turistas en San Fernando, un cantón del Austro ecuatoriano, que se levanta entre los Andes, a 60 kilómetros de Cuenca.

Este valle de la serranía, con una temperatura promedio de 15 grados, es el sitio ideal para los turistas que buscan paz y armonía, mientras acampan al pie de la Laguna de Busa, y disfrutan del calor de una fogata, un café o una bebida.

La naturaleza en todo su esplendor de la zona se conjuga con el deseo de aventura de los estudiantes universitarios cuencanos. Cada fin de semana acuden con sus carpas para compartir noches de alegría y entretenimiento en este pintoresco sitio.

El alcalde de San Fernando, Marco Peña Calle, decidió apostar por el desarrollo turístico del cantón a partir de su lago. Para el efecto emprendió una serie de obras que transformaron el sector en un ícono y elemento distintivo de la localidad que hasta la fecha ha recibido cerca de 100.000 visitas de turistas nacionales y extranjeros.

Una gran plazoleta adornada con una fuente de aguas luminosas, camineras de adoquines, diversidad de flores y especies naturales, y el restaurante Don Marios, donde se puede degustar la gastronomía (truchas, fritada, humitas o costillas al carbón), conforman la oferta de este destino turístico.

Entre las actividades de entretenimiento constan el ascenso al cerro San Pablo, desde donde se puede practicar el parapente, y en los llanos el paseo a caballo, o la pesca deportiva y la natación en las límpidas aguas de la laguna, además de recorrer el lago en su periferia siguiendo el sendero para conocer la gran biodiversidad.

Al visitar San Fernando, los turistas también pueden probar una gran variedad de quesos, yogures y dulces elaborados por las microempresas creadas por sus habitantes para aprovechar la producción lechera de la zona.

La agroindustria ha logrado un gran impulso en San Fernando con la ayuda del Gobierno Municipal, que les ha otorgado facilidades a los emprendedores que en los últimos años construyeron galpones y fábricas dedicadas a esta actividad productiva.

La producción de quesos ha rebasado las fronteras del cantón. En Cuenca, Machala y la provincia de El Oro, además de otras ciudades cercanas, tiene presencia en los mercados la amplia variedad quesera que va desde el producto tradicional hasta aquellos preparados con especias, como el de orégano, el de ají y otros que tienen gran acogida entre los consumidores.

La calidad de vida y las condiciones socioeconómicas han mejorado en este territorio, como consecuencia de una acción conjunta entre la gestión pública municipal y la iniciativa privada que han encontrado lazos de entendimiento y apoyo mutuo.

Al llegar a San Fernando, los turistas extranjeros se maravillan al ver el ganado vacuno pastando en las amplias llanuras, lo que concita su atención al punto de detenerse para tomar fotografías. Los principales visitantes foráneos llegan de Estados Unidos, Canadá y Europa.

Según los registros del Cabildo, por lo menos 50.000 ciudadanos extranjeros han visitado en los últimos cinco años San Fernando y la laguna.

Un templo del siglo pasado

La iglesia matriz fue declarada Patrimonio Cultural de Ecuador, por su fachada de estilo colonial y sus finos tallados en madera. Fue construida entre 1833 y 1921, y en su interior reposan imágenes de santos elaboradas en mármol que datan de 1830.

Las casas antiguas atraen la atención de los turistas y gozan de su admiración porque conservan su arquitectura original. Entre ellas se conjugan las viviendas modernas que dan cuenta del avance del tiempo.

La identidad del cantón está forjada por los mestizos e indígenas que se asentaron en esta región desde la época de la colonia y poco a poco crearon una auténtica, rica en tradiciones y vestimentas propias de su etnia.

San Fernando nació como caserío en 1562, como una parte del cantón Girón. El 6 de mayo de 1986 fue elevado a la categoría de cantón. Durante mayo se celebra una serie de festividades que descubren la cultura y tradiciones de este noble pueblo.

Las fiestas patronales se celebran cada 30 de mayo, en honor al San Fernando. Misas y caminatas, así como ofrendas florales, son la tónica en esa fecha.

Con una población de 3.931 habitantes, este lugar es una tierra muy fértil donde se cultivan maíz, papas, habas, mellocos, maracuyás y una gran variedad de hortalizas.

La ganadería vacuna es la principal actividad económica, así como la producción de leche, quesos y otros derivados lácteos.

Trinares de bienvenida
Al ingreso a la Laguna de Busa, sus pintorescos colores dan la bienvenida a los turistas, mientras las aves entonan una sinfonía que deleita sus sentidos.

Más adelante, un bosque de pinos se destaca entre los arbustos de la periferia del lago y unos patos pekineses se sumergen en las heladas aguas creando un show artístico que saluda a los visitantes.

El estanque, que tiene 12 hectáreas de extensión, está ubicado a 2 kilómetros de la ciudad hacia el suroeste, junto a él se levanta portentoso el cerro San Pablo, como testigo de la magnificencia de la naturaleza que ofrece su bienvenida y sus encantos a los visitantes.

Alrededor del lago existen senderos que permiten observar las montañas. En la zona boscosa se hallan cuatro áreas de camping para los turistas que deseen pernoctar.

Desde lo alto de dos miradores construidos con madera y cables de acero, se puede admirar el lago en su máximo esplendor. Y si unas persona es amante de los deportes extremos, puede recorrer el territorio a caballo o descender en parapente desde la cima de la montaña.

Los turistas pueden hospedarse en las cabañas por un costo de $ 20 la noche. Los grupos familiares también pueden hacer uso de las plataformas de madera que están alrededor de la laguna; se utilizan para instalar las carpas y permanecer al aire libre.

La gastronomía está conformada por jugos de frutas naturales, café pasado, humitas, huevos con tocino y pan, a un costo de  $ 4. La trucha, la fritada y las costillas asadas al carbón tienen un costo de $ 6 a $ 8.

Las verdes praderas que rodean a San Fernando son fiel testigo de las historias de los habitantes de este noble cantón. Así se cuenta la de don Julio Tapia, de 82 años, nacido en el recinto San Isidro. Él cuenta que aprendió a montar a caballo a los 8 años; era una época en la que no había otra forma de movilizarse de un sitio a otro.

Su compañero y fiel amigo le servía para recorrer grandes extensiones de terreno donde sus padres tenían sembríos de papas y hortalizas. Con los equinos también cuidaban el ganado, que en ocasiones se internaba en la montaña. (I)

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