“Mamá Vicenta” es la campesina de los 105 años

- 02 de julio de 2018 - 00:00
Foto: Silvia Osorio / EL TELÉGRAFO

Al pasar por una antigua y modesta construcción de un piso en el barrio San José de Pichul, en Latacunga, pocos se imaginarían que es habitada por una mujer que ha vivido más de 100 años.

En ese lugar reside Vicenta Terán Pacheco (105), quien trajo al mundo a 6 hijos, los cuales le dieron 17 nietos, 42 bisnietos, 47 tataranietos. Ella ha sido testigo de importantes acontecimientos históricos, sin embargo, su memoria se enfoca en una persona: José Osorio, el hombre con el que compartió su existir, 40 de sus 105 años de vida.

Para “Mamá Vicenta”, como la denominan sus familiares, el recuerdo de aquel joven con el que la obligaron a casarse permanece intacto en su memoria.

Otras instancias y momentos de su vida sí se esfumaron de su pensamiento, aun así se pregunta: ¿por qué la “novia oscura” (como le dicen a la muerte en su tierra) no ha tocado a su puerta?

Hoy, ella lleva una apacible vida en el campo, en la cual su única actividad consiste en permanecer en el patio esperando que los rayos del sol calienten sus manos, cuyos dedos se asemejan a pequeños y rugosos troncos de eucalipto, parecidos a los que ella recogía cuando era joven, mientras cuidaba de los niños a la espera de que llegara su esposo, quien era vendedor de aguardiente.

Cada 5 de junio, las luces se encienden en la vetusta morada de Vicenta, con una fiesta en la que se celebra un año más de existencia.

En los festejos se concentra toda su descendencia. Allí están todos alrededor de “Mamá Vicenta”, para consentirla con besos y abrazos.

“Tenerla aún con nosotros es un privilegio”, expresó Gloria Osorio Terán, una de las hijas de centenaria campesina. Es ella quien además se ocupa de sus cuidados.

La describe como una mujer de carácter fuerte, pero que se rinde ante la ternura de sus nietos y bisnietos.

Al dulce de cabuya, a los chochos con maíz tostado, pero sobre todo a la máchica (harina de cebada) “Mamá Vicenta” atribuye la fortaleza de su longevo cuerpo, que más allá de sentir molestias normales a su edad, no presenta enfermedades graves.

Apoyada en su bastón, sus piernas todavía son capaces de trasladarla de un lado a otro, aunque con la misma fragilidad con que emite sus palabras.

En esta misma provincia, hace 3 años trascendió la historia de otra campesina que superaba el siglo de vida. Se trataba de doña Petronia Chicaíza, quien en ese entonces tenía 110 años. Ella tuvo una descendencia de 30 nietos, 42 bisnietos y 7 tataranietos. Quizás algunos de estos familiares de Vicenta o de Petronia también tengan una larga vida como herencia de sus ancestros. (I)

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